Los españoles hemos asistido a siete reformas educativas en lo que llevamos de democracia. No voy a entrar a valorar cada una de ellas pero sí quiero detenerme en dos datos significativos característicos en todas. 1- Ausencia de consenso y 2- La verdadera asignatura pendiente es que a los alumnos “no se les enseña a vivir”. Precisamente, una competencia o habilidad vital en las personas es ser capaces de comprender al otro y aprender de lo que nos pueda aportar, aunque sea distinto a lo que pensamos. Según la RAE, el consenso se define como un acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos. Es curioso que uno de los aprendizajes más importantes en las personas es que sean capaces de llegar a consensos en su vida cotidiana, pero no se les entrena en ninguna asignatura. Es evidente que cuando nuestros políticos estaban en edad escolar no se les entrenó en estas habilidades, o la mayoría hicieron novillos el día que se explicó en clase.

A los alumnos hay que entrenarles en las estrategias que van a necesitar en su vida cotidiana. La familia es la máxima responsable en la educación de los hijos pero desde las aulas hay que fortalecer las competencias sociales y personales para que sean adultos responsables, educados, libres, solidarios, participativos en la sociedad y con la capacidad de convivir  y gestionar bien la discrepancia con el resto de los miembros de su comunidad.

Cada una de las personas que estén leyendo este artículo ha tenido una educación distinta, la que le han transmitido sus padres, familia y entorno, su personalidad, su forma de percibir, de sentir, de actuar, de interaccionar con su entorno social y laboral, sus motivaciones e ilusiones, etc. Todo esto hace que afortunadamente, sea un ser humano distinto al resto. Teniendo esto en cuenta, ¿no es natural, normal, frecuente y sobre todo interesante que discrepe de lo que otras perdonas pueden decir o hacer? Si es un proceso natural y lógico, ¿por qué cuesta tanto gestionar la discrepancia, lo distinto, lo desigual? Manteniendo actitudes de rechazo a lo distinto, intentamos convencer, presionar, pensamos que lo nuestro es lo mejor sin plantearnos ni siquiera durante dos segundos, que es una visión más entre millones de posibilidades de ver las cosas, tantas como seres humanos.

Cómo desarrollar estas habilidades

Discrepar es disentir del parecer o de la conducta de otra persona. Para gestionar bien la discrepancia y evitar la mayor parte de los conflictos entre personas, tendríamos que trabajar con alumnos o hijos en algunas habilidades para manifestarlas en el día a día. Un plan de trabajo podría ser el siguiente pero seguro que se puede mejorar notablemente con lo que cada uno aporte:

  • Trabajar la autoestima y la autoconfianza en nuestros recursos personales. Deberíamos aprender a “estar encantados de habernos conocido”. No criticarnos sino ver en qué podemos mejorar.
  • Tolerar la frustración. A veces las cosas no salen como esperamos o deseamos. Tenemos que aprender a tener un plan “B” y conformarnos y disfrutar con algo alternativo.
  • Aprender a escuchar de manera activa a los demás. Comprender su punto de vista. Comprender no es estar de acuerdo, simplemente es entender que es normal que piense de manera distinta. Centrarnos en lo que nos puede aportar desde su análisis y enriquecer nuestra idea.
  • Una vez que se ha trabajado estas pautas, llegamos a la estrategia estrella, a la asertividad (autoafirmación ante los demás). La asertividad es un conjunto de habilidades sociales que nos permiten expresar directamente y de manera clara nuestras opiniones, sentimientos, preferencias, necesidades y estados emocionales sin agredir, sin hacer juicios de valor o pisotear los derechos de la persona con la que estamos interaccionando en los distintos escenarios en los que nos movemos cotidianamente. Lo importante de la interacción no es lo que decimos sino el producto final que hemos sido capaces de elaborar de manera conjunta las personas implicadas en esa comunicación, entendida ésta como un ambiente facilitador y no como una simple conversación.

Pensamos que lo nuestro es lo mejor sin plantearnos ni siquiera durante dos segundos, que es una visión másSe trata de no reaccionar de manera automática a nivel emocional sino de elegir la respuesta adecuada en cada momento. De esta manera podemos decidir cómo queremos estar y no permitir que nuestros hilos emocionales los dirija otra persona. A modo de ejemplo: supongamos que habíamos quedado con un amigo a las 18:00 para ir al cine y llega 45 minutos tarde. Seguramente esta situación nos incómoda, para no complicar las cosas cuando llega no le decimos nada pero por dentro estoy cabreado y se nos nota, otra opción es ponerle a caer de un burro y provocar una situación mucho más incómoda que la inicial, ya tendremos a dos personas cabreadas.

La asertividad nos facilita expresar lo que sentimos sin dañar al otro. “Juan, habíamos quedado a las 18 y te he estado esperando 45 minutos. Esperar tanto tiempo me molesta, entiendo que tendrás alguna explicación pero me gustaría que esta situación de esperarte no vuelva a ocurrir en el futuro y de esta manera llegar a tiempo a lo que teníamos previsto.” Una vez que hemos expresado lo que sentimos, hemos comprendido la situación y damos una alternativa de solución para el futuro, se cierra el proceso, no hace falta poner malas caras, ni alzar la voz, eso es manipular emocionalmente a la otra persona. Elijo mi respuesta y no reaccionar a merced del comportamiento de la otra persona.

Siendo optimista espero que la siguiente reforma educativa contemple la posibilidad de crear una asignatura de aprender a vivir, en la que se trabajen estas y otras muchas estrategias.

*Vicente Prieto es psicólogo. Vocal de Clínica y Salud de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.