Señor Sinay: El diccionario define límite como "aquello que no se puede sobrepasar". La crisis moral que vive este país se debe a que se están borrando o ignorando los límites. Jugamos al vale todo. Pero necesitamos tener y autoimponernos límites que nos permitan una convivencia civilizada. No sólo para los niños y jóvenes, sino también para los propios adultos. Como médico atiendo fundamentalmente a adultos y no dejo de sorprenderme ante ciertos modos de actuar y decir que no condicen con el buen trato dispensado. Aunque muchos intentan justificaciones, entiendo que se ha perdido la buena educación y el reconocimiento de los roles que deben ocupar los distintos actores sociales.
Natalio Daitch
RE:
Somos limitados por naturaleza. Finitos en el tiempo y acotados en el espacio. A esos dos condicionantes básicos se suman otros (familiares, históricos, físicos, económicos, geográficos, etcétera) hasta incluir los que impone la ley, las normas, las reglas, los protocolos y la Constitución. Tanto la naturaleza como el marco social nos dicen hasta aquí, o más de aquí, no. No es autoritarismo, no es injusticia. Son condiciones necesarias tanto para la supervivencia individual como para la convivencia en un conjunto.
Los condicionamientos, aunque parezca paradójico, nos ayudan a ser libres porque nos obligan a elegir. Si no puedo todo debo elegir y hacerme cargo de mi elección. Esto da valor a las cosas, empezando por la misma vida. Si la valoramos, si necesitamos encontrar su sentido, es por su finitud. Ella da significado a los logros, a los proyectos, al amor y a cada encuentro. Cuando vale todo, nada vale, nada se prioriza, nada se agradece, nada alcanza.
"El verdadero encuentro siempre tiene lugar en el límite", dice el sacerdote Anselm Grün en Límites sanadores. Al reconocer mis límites, valoro mis recursos. Cuando me admito limitado, entiendo las limitaciones del otro, puedo acercarme empáticamente a él, amarlo. Es difícil que los jóvenes aprendan sobre límites cuando los adultos que deben guiarlos niegan los propios y los ajenos, pasan sobre las normas (en las rutas, en los negocios, en la política y en los vínculos íntimos). Quien admite la existencia de límites está en condiciones de convivir con sentido. En caso contrario, los límites los pone la vida, y no siempre con amabilidad..

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