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December 31, 2005

Cambiando miradas

Cambiando miradas


 


El arte de educar se relaciona con la capacidad de,  intercambiando miradas, aprender a cambiar las miradas ajenas y la propia.


 


Preguntaron al filósofo John Dewey dos cuestiones claves sobre la pedagogía perfecta: ¿Cuándo y qué hay que enseñarles a los niños? El filósofo condensó las respuestas de modo magistral: “Si quiere saber cuándo hay que enseñar a un niño, mírele a la cara. Y si quiere saber qué hay que enseñar, mire a la vida”. Ya el proverbio latino advertía: “No aprendemos para la escuela, sino para la vida” (“Non scholae, sed vitae discimus”).


 


Dos cosas definen a una persona: su mirada y su corazón. La naturaleza irguió la frente del ser humano y le mandó contemplar el cielo, alzando la mirada hacia las estrellas. Pero sin olvidar que quien consigue apreciar las cosas pequeñas tiene limpia la mirada. La perspectiva personal determina la circunstancia que rodea a cada individuo y le hace singular, incluso entre sus semejantes. Ortega y Gasset, el maestro del “yo y mi circunstancia” estableció que “la realidad no puede ser mirada sino desde el punto de vista que cada cual ocupa, fatalmente, en el universo”.


 


El aprendizaje es algo que se puede lograr solo o con ayuda de los demás, pero el segundo método es el más acelerado y eficaz, especialmente en la infancia. “Aprender a mirar” y “mirar para aprender” son dos competencias básicas que nos permiten crecer a los seres humanos. Dumas sugirió que “Dios quiso que la mirada humana fuera la única cosa que no se puede disfrazar”. Lo cierto es que se descubre en la mirada la cualidad humana. Dicen que en las palabras se refleja el talento, pero en las miradas, el alma.


 


Aprender a mirar cordialmente a nuestros semejantes, particularmente a los más necesitados y en los momentos más críticos, nos reporta paz y serenidad a todos. Un proverbio árabe asegura que “quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación”. Educar consiste en dotar a la mirada de los más pequeños con más sabiduría y con más cultura, pero la inteligencia y la humanidad ya reside en su mirada. Su ternura son ojos que se convierten en mirada. Los niños adivinan qué personas les aman. Es un don que con el tiempo se pierde.


 
Mikel Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel


 

December 30, 2005

Five Tips for Family Happiness

Five Tips for Family Happiness

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Dr. Kenneth N. Condrell, Ph.D.
Child Psychologist


Families are very important. We saw a dramatic example of this following the horrific tragedy of September 11. 2001. Feeling scared and vulnerable, millions of Americans retreated to their families. For most of us, whether we are 2 or 92, our family is our safe harbor. So this month I'm presenting several important tips on how to enjoy a happier, more rewarding family life.

Do you ever wonder why some families are happier than others? And do you ever wonder why other families seem to experience so much unhappiness?

It stands to reason that if we could find out what makes families successful, we would have the secret to enhance our own family's circumstances.

Well, thanks to new research, we now know what distinguishes many happy families from unhappy ones. By comparing the circumstances of families that thrive and those that don't, researchers have discovered some significant differences between the two groups. Below, I have listed five of those differences.

Happy Families Have Parents Who Endorse Each Other
In happy families, parents validate each other as parents. This means each parent communicates to the children that the other parent is a good person who deserves love and respect. Each parent encourages the children to love, respect, obey and admire the other parent.

In unhappy families, parents tend to bad-mouth each other to their children. They communicate the faults of the other parent to their children, and in this way, they undermine each other's authority.

Happy Families Value the Extended Family
Happy families stay connected with their relatives. They communicate, and they plan get-togethers with grandparents, aunts, uncles, nieces and nephews, no matter where they live.

Unhappy families lose touch with their extended families. The children don't know their relatives – their names, their ages, their careers. Family pride just doesn't seem to exist in unhappy families.

Happy Families Plan Fun
Happy families set aside time to have fun together. Families that do well value this time so much that they build it into their schedule. Unhappy families never seem to have the time to enjoy each other, and rarely make plans for fun.

Happy Families have Parents Who Give Compliments
The members of happy families compliment each other and show their appreciation for one another. Parents model this behavior, and then children copy their parents. Compliments such as the following are often heard in happy families:

'That was a great dinner.'

'Thanks for helping out.'

'What a wonderful idea!'

'You are so thoughtful.'

'What a big girl you are.'

'You look nice in your new dress.'
Unhappy families rarely take the time to give compliments. In fact, research has shown that the happier people are, the more compliments they give to others.

In Happy Families, Parents Watch Their Language
Happy families avoid abusive language. They're careful about what they say to each other and how they say it. They don't beat each other up with cutting words, sarcasm or swearing. If someone needs to be criticized, the criticism is not communicated in an insulting way.

In unhappy families, people say whatever comes to mind when they're upset. They're almost oblivious to how powerful and damaging words can be to the feelings and self-esteem of other family members.

Of course, these are not the only qualities that distinguish happy families from unhappy ones. That's why, in another article, I'll present five more examples of how both sets of families differ from each other. Hopefully, these insights will inspire you to make your family the happiest it can be.

December 29, 2005

La inteligencia moral del niño

La inteligencia moral del niño


Vicente Huerta, AEFAM, 4.I.02

Por qué conocer el bien

        ColesTras el éxito editorial de la obra de Goleman Inteligencia emocional, el doctor Robert Coles, especialista en psiquiatría infantil y Premio Pulitzer, ha dado un paso más en la línea de afirmar que la importancia de la inteligencia va mucho más allá de lo que se suele reflejar en el "coeficiente intelectual". La inteligencia deberá servirnos ante todo para conocer el bien. Precisamente en este aspecto la presente obra viene a subsanar una de las deficiencias más criticadas en Inteligencia emocional: su deficit de contenidos y de horizonte ético, que son una carencia importante en una propuesta que se presenta con una pretensión de globalidad. Para educar integralmente no basta saber como funciona el cerebro ni cual es la estructura y la dinámica de las emociones. Es preciso conocer dónde está el bien y tratar de ponerlo en práctica. Muchas veces –afirma el autor– se pretenden poner remedios psiquiátricos a lo que son problemas morales.

Verlo para vivirlo


El concepto de bondad moral

         Lo primero a dilucidar, pues, será saber en qué consiste ser una buena persona. Si queremos facilitar a los niños el camino que les hará "moralmente inteligentes" habrá que empezar aclarando el concepto mismo de bondad moral. Los niños buenos –afirma– son niños y niñas que "han aprendido a tomar muy en serio el mismo concepto de bondad moral y su deseabilidad". Saben también que no es una abstracción, sino un modo concreto de comportarse con los demás siguiendo la regla de oro de tratar a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros. A esto se une la importancia del ejemplo, pues el niño entenderá el bien en la medida en que lo vea en acción, no como algo abstracto, sino como una presencia concreta. Los valores están para ser vividos o no se entienden. No pocas veces la incoherencia de los adultos deja sumidos a los niños en la confusión de mensajes contradictorios.

Un cuento de Tolstoi

         Una buena manera de enseñar a discernir el bien moral puede ser la que nos brinda la literatura. El autor saca enorme partido a relatos que plantean cuestiones morales. Lo importante es la reflexión posterior. Un buen ejemplo es el que brinda Tolstoi con la historia titulada El viejo abuelo y el nieto, dice así:


Demasiado actual por desgracia

        El abuelo se había hecho ya muy viejo. Sus piernas no le obedecían, sus ojos ya no veían ni sus oídos oían, y además carecía de dientes. Cuando comía, la comida se le caía de la boca.

  
        El hijo y la nuera dejaron de sentarle a la mesa y le servían las comidas detrás de la estufa. En cierta ocasión le llevaron la cena en un cuenco y cuando el anciano fue a cogerlo, se le cayó al suelo y se le hizo añicos. La nuera empezó a quejarse de su suegro, diciendo que lo rompía todo, y juró que desde aquél día le daría de comer en un balde de lavar los platos. El anciano se limitó a suspirar sin decir nada.

  
        Poco después, el marido y su esposa vieron a su hijo pequeño jugando en el suelo con algunas planchas de madera; estaba intentando construir algo. Movido por la curiosidad, el padre le preguntó: "¿Qué estás haciendo, Misha?" y Misha respondió: "papá, estoy fabricando un balde para daros de comer en él cuando tú y mamá seáis viejos".

  
        El marido y la mujer se miraron y empezaron a llorar, sintiéndose avergonzados de haber tratado así al abuelo.

Compromisos y lealtades que engañan


Una historia del Bronx

         También el cine puede aportar grandes momentos de reflexión. El autor recoge en su libro experiencias surgidas a partir de la película Una historia del Bronx dirigida e interpretada por Robert de Niro. En ella se plantean cuestiones morales de entidad. El protagonista, hijo de un modesto conductor de autobuses, se ve implicado en un incidente que le hace ganarse el favor de un gángster local, con el que se desarrolla una compleja amistad a la que se opone el padre trabajador y honrado. El análisis de esta película facilita reflexionar sobre diversos afectos, lealtades, deseos y anhelos que no siempre facilitan el discernimiento del bien moral.


Asegurar la libertad


        Una de las consecuencias interesantes de esta reflexión es que el conocimiento del bien se plantea como camino hacia la libertad: una vez que se cede a los planteamientos mafiosos, se está pillado. El joven se introduce en un mundo en el que se consigue dinero fácil, mucho más de lo que hubiera podido ganar de otro modo, pero a costa de no ser libre, de quedar atado a la banda mafiosa local. El padre, en cambio, es fiel a unos principios morales y eso hace que sea en todo momento dueño de sí mismo. "Esta es la diferencia, –comenta uno de los alumnos de Coles a propósito de la película– si dejas que la gente te compre, pierdes el respeto por ti mismo. Si te mantienes firme en lo que crees, puedes mirarte en el espejo y no necesitas huir ni esconderte".


Son "marcados" de modo decisivo


Los primeros años

         El autor del libro no duda en afirmar que "los niños son modelados en el mismo inicio de su vida por los valores de determinados adultos". Existe una vida moral que precede al uso del lenguaje y que se basa en el trato que recibe el bebé. Hay niños que son gravemente descuidados por sus padres y se vuelven apáticos y retraídos de un mundo que es percibido más como amenaza que como origen de bienes. Otros niños, no tan claramente rechazados, son simplemente rehuidos y tendrán sus propias formas de responder a un entorno que de algún modo falla a la hora de ofrecerles seguridad. Estos niños se vuelven irritables e inquietos; pueden ser exigentes e intentar afirmarse una y otra vez cuya benevolencia (o falta de ella) va marcando su destino día a día. Un niño aprenderá el camino del bien (a amar) en la medida en que es amado.


Tan pequeños

        Aunque se trate de niños tan pequeños que aún no han desarrollado el habla ni la capacidad de razonar, eso no significa que no estén necesitando una formación moral. Esta formación se basa en que aprendan el "si" y el "no". El niño de pocos meses puede desafiar a los adultos que le rodean "exigiendo" determinadas respuestas. "Si le das a un bebé todo lo que pide y nunca te resistes a sus demandas –afirma– le estás enseñando a no esperar nunca una negativa, y me temo que eso no es una buena preparación para la vida". Efectivamente se puede malcriar a un bebé haciéndole pensar que el mundo gira totalmente alrededor de él. Nunca es demasiado pronto para enseñarle a distinguir lo que está bien de lo que está mal.


Casi todo es relevante

        A partir del tercer año de vida, con la aparición del lenguaje y del control muscular, aumentan exponencialmente las posibilidades para una educación moral explícita. El niño o la niña ya saben hablar y lo que escuchan puede tener un significado sustancial. Continuamente, a menudo sin tener conciencia de ello, los padres están proporcionando a sus hijos de dos o tres años, con lo que dicen o hacen, una vía moral: sugerencias, instrucciones, explicaciones, gestos, tonos de voz, etc. "Así es como se hace esto, allí es donde vamos o no vamos, ahora es el momento de intentar tal cosa, en cuanto a lo que acabas de hacer, que no vuelva a ocurrir..." El doctor Coles advierte claramente, a todo tipo de educadores y personas que tratan con niños, del peligro que existe en prestar más atención a los "acontecimientos psicológicos" que a los mensajes morales que se trasmiten en los primeros años de vida.

Son muy morales


Los años de Primaria

         En la escuela Primaria, tal vez como nunca antes ni después, el niño se convierte en una criatura "intensamente moral", totalmente interesada en comprender las razones de este mundo: cómo y por qué funcionan las cosas, pero también cómo debe comportarse en las diversas situaciones y por qué. Es la edad del despertar de la conciencia.


Sus interminables preguntes

        El niño que asiste a la escuela Primaria es mucho más capaz que los más pequeños de reflexionar, de preguntarse en voz alta y detenerse a pensar en silencio sobre lo que ha preguntado, de intentar ser bueno y de ponderar cuán "bueno" es. En esta etapa, la capacidad de utilizar el lenguaje es clave para su desarrollo moral. El gran desafío de padres y educadores en estos momentos es responder a las innumerables preguntas que hacen los niños. En la misma naturaleza del niño de esta edad está el preguntar y preguntar, proporcionando a quienes se dirigen esas preguntas la oportunidad de brindar respuestas directas e indirectas a través de lo que sugerimos o recomendamos, de las historias que contamos, de los recuerdos que compartimos, de las experiencias que ofrecemos como ejemplos, etc.

Reclaman coherencia

        Los niños de la escuela Primaria muestran una gran capacidad para probar el análisis moral de las creencias y valores puestos en práctica. Detectan con facilidad la capacidad para comprometerse con lo que uno cree, lo que uno considera valioso como algo que es posible para sí mismo y para los demás. Por eso es tan fundamental la coherencia de los adultos. La inteligencia moral les lleva a comprobar el valor en la práctica. De ahí la confusión que se puede crear cuando se encuentran ante mensajes morales cruzados o contradictorios.

Enseñar con los hechos

        Para los educadores es importante estar orientados en buena dirección (saber qué virtudes quieren desarrollar en sus hijos) pero los discursos morales abstractos se olvidan fácilmente, principalmente se enseña por medio del ejemplo y eso ocurre continuamente, casi sin darnos cuenta.

December 27, 2005

Lo que los niños no le piden al Niño Dios

EL TIEMPO, Bogotá
Diciembre 24 de 2005

Lo que los niños no le piden al Niño Dios (Opinión)

Querido Niño Dios,


 espero que a partir de este año mis padres no me ofrezcan regalos a cambio de portarme bien.  Yo me porto sin saber si está bien o si está mal.  Además, la mayor parte de las cosas que hago y como las hago, las he aprendido de ellos.  Qué bueno que lo que me puedan dar sea porque me quieren mucho y no porque hice algo en la forma que a ellos les gustaba aunque a mí no.  Disculpe, ND, ¿no es eso como un chantaje?


 Quiero pedirte también que dejen tanta cantaleta.  Mi papá le pide lo mismo a mi mamá, y ella le pide lo mismo a mi papá, pero los dos me cantaletean a mí y yo no tengo derecho a decir nada...


 Otra cosa: que en lugar de amenazar tanto, me enseñen con calma y sin esperar resultados de un día para otro.  Sería mejor aprender porque entiendo lo que tiene de bueno lo que esperan que aprenda y no porque me da miedo que me peguen si no les hago caso.


 Que entre ellos traten de llegar a acuerdos sin que haya tanta pelea.  Muchas veces siento que me maltratan porque están enojados el uno con el otro y no porque yo haya hecho algo malo.  No es justo que el perdedor de sus peleas sea yo.


 Muy bueno también que dejen de compararme con mi hermano mayor o de exigirme que no proteste por lo que hace mi hermanito menor.  ¿No será posible que admitan que cada uno tiene que aprender desde lugares diferentes y a partir de experiencias diferentes?  Parece que quisieran que fuéramos iguales y que cada uno aprendiera con la experiencia de los otros.


 Hay una cosa que no entiendo, pero que me parece que ellos tampoco: dicen que me están educando y que será por muchos años, pero todos los días me exigen que sea educado y que haga las cosas bien.  ¿Será que en el fondo creen que ya estoy educado y que no necesito que me eduquen?  Exigen mucho todos los días.   Insisten tanto siempre en lo mismo que a veces siento que no confían en que algún día lo logre, y más bien me van quitando las ganas de aprenderlo.


 Otra más: de tanto en tanto los siento reír mientras comentan animadamente sobre sus pilatunas cuando eran niños... ¿no será que los puedes ayudar a reírse un poco de las nuestras y que no les den tanta importancia para que no se conviertan en motivo de pelea permanente?  Eso sería muy bueno, y todos podríamos vivir mejor.  Al fin y al cabo, esas cosas de ellos de las que ahora se ríen no los volvieron malas personas.  Nosotros tampoco llegaríamos a serlo si ellos tomaran todo con más calma.


 Y lo que te pido en relación con mis padres creo que sirve igual para que me lo concedas en el colegio.  Me parece, ND, que los adultos son muy parecidos entre ellos y que nos ven a los pequeños como si fuéramos todos idénticos y nos tuvieran que hacer las mismas observaciones en todas partes.


 Finalmente, concédeles a ellos lo que te pidan para que no anden tan malhumorados y dejen de tratar de volvernos perfectos mientras ellos se permiten tantos errores sin que nadie les diga nada.


Muchas gracias por todo, y que nos sigas escuchando y atendiendo con tanta paciencia.


Nota: este texto se inspira en comentarios auténticos de niños de distintas regiones de nuestro país.


JORGE ALBA
Escuelas de Buentrato

December 26, 2005

Por qué el juego es tan importante

Por qué el juego es tan importante
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Dr. Kathleen Alfano, Ph.D.
Director of Child Research at Fisher-Price®


* El juego ayuda a los niños a aprender sobre ellos y a la comprensión de su mundo físico y social.


* El juego da oportunidades de descifrar cómo funcionan las cosas, cómo progresar con otros y probar nuevos roles.


* El juego estimula y mejora la creatividad y la imaginación.


* El juego proporciona un recurso rico para el desarrollo de lengua y la capacidad social.


* El juego anima a pensar y las habilidades de solución de problemas.


* El juego desarrolla habilidades perceptual-motriz (fina y gruesa, como la coordinación de la mano de ojo y el equilibrio) y ayuda a desarrollar la fuerza y la coordinación.


* El juego es la integración del idioma, habilidades sociales, cognoscitivas, imaginativas y físicas.


* El juego promueve el amor propio, la autodirección y valores.


* El juego ayuda al niño a aprender y a la practica de habilidades sociales como compartir, la negociación y la cooperación.


* El juego desarrolla la curiosidad y aumenta la duración de la atención.

December 25, 2005

EL BIEN Y EL MAL: DESPIERTA LA INTELIGENCIA MORAL 


EL BIEN Y EL MAL: DESPIERTA LA INTELIGENCIA MORAL   [Revista Nro.77]


Con el despertar de la razón, nace también la conciencia moral. Entre los 8 y 12 años los hijos son especialmente sensibles para asimilar personalmente los criterios morales y para descubrir qué es lo bueno y qué es lo malo, y actuar en consecuencia.

Josefina Lecaros S.

Para los niños el bien y el mal es lo que sus padres llaman así. Sin embargo, en la adolescencia los padres dejan de ser el único referente moral de sus hijos y si éstos no saben por qué los actos son buenos o malos, pueden desorientarse. Por eso es que entre los 8 y 12 años es una edad clave para ayudar a que cada hijo asuma personalmente los criterios morales que entregamos los padres. 


Ésta es una etapa aparentemente fácil en cuanto a la educación moral, pues los niños pequeños tienden a portarse como se espera de ellos, a obedecer reglas porque sí, a no cuestionar lo que los mayores señalan como lo bueno y lo malo.  Sin embargo, aprovechando la autoridad moral de los padres es que hay que desarrollar en ellos una “inteligencia moral” con la cual hagan propios los criterios enseñados.


El despertar de la conciencia
Al llegar a los ocho o nueve años, se produce un gran desarrollo en el sentido moral de los niños. Esto se debe, en primer lugar, al desarrollo de su inteligencia y a su creciente poder de interiorización, es decir, de asimilación de lo que ven y de lo que se les dice. Además, a esta edad crece su participación en nuevos escenarios y papeles: van al colegio, entran en una academia de excursionismo, participan en el coro; son más independientes y autónomos. Empiezan entonces a sopesar y analizar los motivos y las consecuencias de sus acciones y sus conciencias se tornan más coherentes. Finalmente, a esta edad los niños desarrollan la capacidad de considerar varias alternativas para resolver un problema y pueden mirar las cosas desde el punto de vista del compañero o del amigo.


Considerando su etapa de desarrollo y sus nuevas habilidades y capacidades, podemos educar la formación de su conciencia moral en diferentes aspectos.


Las reglas
A esta edad, a los niños les gustan mucho las reglas y normas, pues notan que son necesarias y que hay que vivir conforme a ellas. Incluso las aplican con gran rigor en sus juegos. Para potenciar esto, debemos en primer lugar esforzarnos por cumplir nosotros también las reglas de la casa y las normas cívicas. El ejemplo es gran formador de la conciencia: si hay que hablar corto por teléfono por si alguien trata de llamar, ¿por qué la mamá habla taaaan largo? Si en la casa hay que cuidar las cosas ¿por qué el papá pone los zapatos sucios sobre la cubrecama? ¿Qué ven los hijos cuando la mamá se estaciona en un lugar exclusivo para inválidos o el papá se pone en la caja para la futura mamá?


Además del ejemplo, hay que explicar algunas de las reglas que tiene la familia, tanto las de convivencia -como puntualidad a la hora de comer- como las morales -en la casa no se habla mal de nadie. De esta forma el hijo las entenderá y, por tanto, se sentirá obligado a vivirlas.


No hay que olvidar que los pequeños retos apasionan a los hijos de esta edad: ellos quieren actuar bien. Con un poco de motivación, podemos aprovechar esa característica para que adquieran buenos hábitos, como ponerse a estudiar a la hora, decir siempre la verdad, ordenar sus cosas, ser respetuoso.


Cuando en la casa la disciplina y exigencia van acompañadas del ejemplo y el cariño, los hijos asimilan personalmente los criterios familiares y las enseñanzas morales. Si por el contrario abundan las amenazas, se exige una obediencia a ciegas o se nota una incoherencia entre lo que se hace y lo que se exige, al llegar la adolescencia esas normas y reglas serán puestas en tela de juicio.


La edad de los por qué
Desde que nacen, empezamos a enseñar buenos hábitos a los hijos (sería absurdo pretender que sean sinceros sólo cuando comprendan por qué deben serlo, sin haberlo ejercitado nunca). Pero a esta edad podemos ir explicando por qué son  buenas o malas determinadas conductas.


Y es que si hasta entonces nos impresionaba la cantidad de “por qués” que surgían de los niños –por qué se esconde el sol o por qué se murió el abuelo-, ahora es el momento para que los padres entreguemos nuestros propios “por qués” a los hijos en casos concretos como: por qué no se puede copiar en una prueba, por qué hay que devolver lo que le sacaste al compañero o por qué no se pueden hacer pitanzas.


Esos “por qués” también hay que entregarlos en materias delicadas como por qué defendemos el derecho a vivir de un niño no nacido, por qué los hijos necesitan nacer de un matrimonio y no de padre o madre solteros, por qué la mujer debe ser fiel a su marido y viceversa, etcétera.


También hay que considerar que los niños pueden juzgar el valor moral de un acto por su aspecto exterior o por su resultado moral. Por tanto, para formar su conciencia es preciso hacerlo remontar hasta la intención, pues es ahí, más que en el aspecto o en las consecuencias, donde reside la moralidad de un acto. – Rompiste ese plato: ¿Por torpeza? ¿Por rabia? -Acusaste a un compañero de copiar en clase: ¿Por gusto de ver como lo castigaban? ¿Por amor a la justicia? ¿Para que no vuelva a hacerlo? – Mentiste: ¿Por broma? ¿Para evitar un castigo? ¿Para darte importancia? –Desobedeciste: ¿Porque no oíste? ¿Porque se te pedía algo demasiado difícil? ¿Porque te crees mayor para estar obedeciendo?


Los modelos
Los niños también regulan su conducta según lo que observan: al juzgar comportamientos de otras personas (principalmente de sus padres y profesores) se van formando una idea de lo que es bueno y lo que es malo. Los juicios de valor emitidos por los padres, sobre todo si son repetidos con frecuencia y confirmados con el ejemplo, se graban en la conciencia del niño. De aquí la fuerza moral del ejemplo de los adultos y en especial de quienes tienen autoridad sobre ellos.


Además, los niños empiezan a compararse con compañeros y amigos y tienen la capacidad de ponerse en el lugar de los demás. Por eso, sin criticar a sus amigos, hay que señalar qué es una buena amistad, cómo los amigos ayudan a ser mejor y cómo se puede ayudar a los amigos. Asimismo, muchas veces se les puede pedir que piensen cómo les gustaría que actuaran con ellos... y actuar en consecuencia.


Es también la edad de los ideales, en que se sienten atraídos por “héroes”, especialmente por los que encarnan valores como la valentía, la nobleza, la amistad. De ahí la importancia de ofrecer buena lectura y películas, y de conversar sobre los nuevos ídolos que ensalza la televisión, el cine y la música. El hijo o hija tiene la capacidad de separar lo que, por ejemplo, puede ser una buena cantante, de sus comportamientos no siempre tan “buenos”.


La propia iniciativa
Para fomentar el crecimiento personal del hijo, hay que darle la oportunidad de pensar, decidir y actuar libremente. Se le puede ayudar a considerar distintas posibilidades, hacerle ver las consecuencias de cada una de ellas y luego asumir responsablemente su decisión. Esto sucede al planificar su estudio o al decidir integrarse a un club o equipo deportivo o al aceptar una u otra invitación de amigos.


Si se les ha ayudado a formar su conciencia -recta y segura- y los criterios morales los ha asumido como propios, es hora también de que desarrollen una mentalidad crítica. No se trata de cuestionar todo porque sí, pero tampoco de aceptar todo sin más. En esto ayuda mucho la conversación sobre sucesos del día: ¿tú que crees?, ¿qué opinas sobre eso?, ¿qué habrías hecho tú?


Finalmente, hay que saber que a esta edad surge en los hijos un sentimiento de vergüenza al saberse juzgados por los demás o de miedo al ridículo o a la crítica de los amigos o compañeros. Es momento de enseñar a superarlo, para que sea capaz de tomar decisiones libremente, es decir, sin que se vean afectadas por el qué dirán de los demás. Si no se ayuda a no hacer caso del qué dirán ahora, en la adolescencia tendremos hijos inseguros, que dependerán de la aprobación total de sus pares antes de hacer cualquier cosa: desde comprarse un par de zapatillas, ir o no ir a determinadas actividades, o tomar o no alcohol.


Los slogans
Al acercarse a la adolescencia, los hijos pueden hacer eco de algunos falsos slogans que abundan en una sociedad en que domina el egoísmo, en que todo suele ser relativo. Hay que demostrarles la falsedad de frases como “ojo por ojo, diente por diente”, “vale más ser ladrón que robado”, “el éxito es de los sinvergüenzas” o “piensa mal y acertarás”.


La inteligencia moral
Ya nadie considera la “inteligencia” así, a secas, o como sinónimo de coeficiente intelectual. El psicólogoHoward Gardner y sus tipos de inteligencias –o inteligencias múltiples- amplió el concepto de inteligencia. Luego Daniel Goleman, con su “inteligencia emocional”, señaló el necesario equilibrio entre el conocer y las emociones. Ahora se ha dado un nuevo paso: para educar integralmente no basta con saber cómo funciona el cerebro o la dinámica de las emociones; es preciso conocer dónde está el bien y ponerlo en práctica. Al hablar de inteligencia moral, varios autores señalan que la inteligencia ha de servir para, ante todo, conocer el bien.


• Inteligencia moral. V. González. Univ. de Salamanca. Colección Aprender a ser. 2000. Aunque el concepto de inteligencia moral aparece como algo nuevo, la filosofía y la ética se han preocupado de él a lo largo de la historia como la capacidad de realizar buenos razonamientos morales. El autor se pregunta, ¿qué es un buen razonamiento moral y por qué? Una moralidad inteligente y madura ¿requiere previamente en la persona una capacidad lógico intelectual? ¿Cuál es la relación entre lógica y moral? ¿Qué tiene que ver la emoción, el sentimiento, en este proceso?


• La inteligencia moral del niño. R. Coles. Ed. Kairós, Barcelona. 1997. Este psiquiatra infantil señala la importancia de la dimensión moral en la vida y, por tanto, de formar el sentido moral en los niños. El autor explica cómo, debido a sus estudios de psiquiatría, durante años veía los problemas de sus pacientes, niños y adolescentes, con los lentes de la psicología, reduciéndolos a la dimensión emocional. Señala que fueron los niños los que le hicieron descubrir que su visión era reductiva e insuficiente y que sólo los entendía cuando se percataba del sentido moral de sus planteamientos y de su conducta. Muchas veces sus problemas procedían de que les faltaba una guía moral. Al ser criaturas de “cognición, pasión y propósito”, intentamos ordenar nuestros conocimientos y deseos de modo que nuestra vida tenga sentido.


Si el hijo dice…

Dígale…

Por que…


Todos lo hacen.

Aunque todos lo hagan, el acto no cambia de malo a bueno.

El que todos copien no deja de ser un engaño hacia el profesor, los demás y uno mismo. El que todos tomen y se emborrrachen no dejará de ser algo que daña el cuerpo y pone en peligro a la persona en su totalidad.


La mayoría dice.

Los actos son objetivamente buenos o malos y no dependen de cuánta gente opine que está bien o mal.

Que en una elección ciudadana la mayoría opine que hay que permitir el aborto no hace que el hecho deje de ser malo, ya que se mata a un inocente.


Soy libre: puedo hacer  lo que quiera (mientras no dañe al otro).
La libertad es para elegir el bien, que no siempre es lo más cómodo o fácil.
Puedes elegir entre estudiar o no hacerlo, entre hacer rendir tus talentos o dar el mínimo de ti. Puedes elegir distintas alternativas, pero la libertad es elegir, de entre ellas, la que te lleve al bien y a la felicidad.


Bibliografía referencial: “El arte de educar a los niños de hoy” - Gastón Courtois. 
“El despertar moral, ¿lo he hecho bien?” - Ignacio Iturbe y José Antonio Alcázar.
“La inteligencia emocional y educación moral” - Félix García Moriyón.

Revista Hacer Familia

December 23, 2005

“LA MADUREZ SURGE DEL DESARROLLO DE LAS VIRTUDES” 

“LA MADUREZ SURGE DEL DESARROLLO DE LAS VIRTUDES”   [Revista Nro.113]


El connotado educador inglés David Isaacs, autor del “Libro de las Virtudes”, conversó con Hacer Familia y dio pautas para encausar la madurez.

Magdalena Pulido S.

¿Cree usted que la evaluación de la maduración es una asignatura pendiente en los colegios?
- Hoy existe una tendencia a evaluarlo todo pero creo que hay partes esenciales de la educación -no de la enseñanza- que no son evaluables. Así, por ejemplo, todo lo que se refiere al desarrollo de la maduración no es calificable, no se puede poner monitos o nota por ello. Algo muy común es el chico que se comporta bien cuando está presente la autoridad, pero por detrás hace lo que quiere. Él no ha logrado internalizar lo valores… ¿Cómo evaluar eso? Imposible. Lo que sí hay que hacer es trabajar mucho por inculcar esos valores, por enseñar las virtudes. 


¿Cuál es la relación de las virtudes con la madurez?
- Mediante el desarrollo de ellas es posible avanzar en la madurez de la persona. Una de las definiciones de madurez humana es que ésta es consecuencia del desarrollo armónico de las virtudes. De ahí que en vez de gastar el tiempo en evaluar o calificar, lo hagamos en pensar en las situaciones que lleven a los alumnos a tener más oportunidades de vivir los valores. Hay que saber que conviene reorientar ciertas actitudes para que los alumnos crezcan en hábitos como el orden, el compañerismo, la fortaleza, la laboriosidad.


¿Qué pueden hacer los colegios para  fortalecer  la madurez de los alumnos?
- Preocuparse por las virtudes y para ello es esencial que desarrollen programas organizados. Hay tres sistemas que se pueden usar.


¿Cuáles son esos sistemas y cuál debiera ser el criterio general?
- El primero consiste en que el profesor en el aula, mediante sus actividades cotidianas intente favorecer el desarrollo de la virtud. Por ejemplo, a través de trabajos en grupos se fortalece el compañerismo. El segundo sistema es crear una clase específica sobre el tema de las virtudes y trabajar con cuentos, historias o películas que permitan el análisis de casos y cómo resolverlos. Y el último consiste en crear situaciones donde la experiencia favorezca el desarrollo de la virtud correspondiente. Por ejemplo, vivir un mes ayudando a gente damnificada, conociendo sus problemas en terreno.
Ahora lo importante es que todo plan de formación además de ser organizado y pauteado debe ser personalizado, de manera de saber, por ejemplo, que si a todos se les exige por igual la responsabilidad los que ya lo son pueden caer en un exceso que tampoco es bueno.


¿Y en la casa también se debe tener un plan de formación para la madurez?
- Quizás algo no tan estructurado pero sí muy pensado. Los padres deben percibir cómo son cada uno de los hijos, lo que más les cuesta, sus características y lo que por edad les correspondería ir afinando. Por ejemplo, a los más chicos el orden y a los más grandes la prudencia y la capacidad de comprender al otro. También es fundamentel tener en cuenta lo que como familia se quiere lograr, pues cada una tiene distintas prioridades. Por último, para trabajar en la madurez el entorno y las exigencias de la sociedad en donde se vive son clave. No hay que insistir en las mismas virtudes cuando se vive en Valparaíso o en un pueblo de un monte perdido.


¿Tiene algo que ver la sobreprotección de los padres en la inmadurez de los hijos?
- Sí, la sobreprotección y también la falta de protección. No es conveniente que los hijos estén envueltos entre algodones. Tienen que vivir, arriesgarse razonablemente y como padres estar al lado. De lo contrario nunca será una persona capaz de levantarse frente a los problemas. Al revés, también el abandono no da ningún apoyo para aprender a desenvolverse en la vida. El problema está en determinar cuándo hay algún grado de sobreprotección o despreocupación. Y para eso un cauce que parece muy sano es que los padres se preocupen de tener buenos amigos con hijos que sean amigos de los propios. Con una red de confianza es más fácil establecer límites, darles permisos y favorecer la madurez.


“Trabajar por la madurez de un hijo es trabajar en inculcar valores y virtudes.”


En sus palabras:

Consecuencias de la inmadurez

> “Una persona inmmadura se guía antes que nada por los sentimientos. Es probable que no use ni la inteligencia ni la voluntad sino más bien sea mandada por sensaciones superficiales, por lo general traicioneras”.
> “Si una persona está funcionando con sus sentimientos más que nada se produce un vacío horrible y son personas que están constantemente sufriendo”.
> “El sufrimiento paraliza. Una persona inmadura que sufre demasiado tiempo necesita de ayuda externa para empezar a moverse. La acción es la que compensa el sufrimiento, pero parte de la madurez es saber asumir el dolor”.

December 21, 2005

La disciplina, Parte II: Cinco herramientas útiles

Discipline—Part II: Five Helpful Tools

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Dr. Bettye M. Caldwell, Ph.D.
Professor of Pediatrics in Child Development and Education

La disciplina, Parte II: Cinco herramientas útiles


Por Bettye M. Caldwell, Ph.D.

En Disciplina—Parte I, sugerí que las actividades disciplinarias de una familia se deben guiar por una filosofía de disciplina. Los cuatro principios generales que componen esta filosofía son:

(1) disciplinar es crear un discípulo;

(2) la disciplina es un proceso de dos partes, el "reaprendizaje" es tan importante como el desaprendizaje";

(3) rara vez es rápido y fácil; y

(4) entre los niños hay importantes diferencias individuales en términos de a qué reaccionan y cómo reaccionan.

Estos principios son las cuatro bases de una estructura disciplinaria que se irá construyendo mientras el niño viva junto a usted. Endosar esta filosofía le permitirá olvidar la ciega búsqueda de técnicas disciplinarias adecuadas y, en su lugar, usar diferentes técnicas que sean compatibles con su meta de ayudar al niño a ser feliz y a tener éxito en la vida.

Técnicas que pueden funcionar

1. Evite la necesidad de disciplinar anticipando el problema.

Esto puede sonar a que estoy dando por sentado lo que queda por probar, pero la mejor disciplina es casi siempre no disciplinar. En su lugar, se trata de darle la vuela al problema. Ese es el mejor aliado que tienen los padres preocupados en ayudar a su hijo a adquirir una conducta cada vez más madura. Requiere una mayor atención sobre lo que nuestros hijos hacen, más de lo que quisiéramos. Requiere, además, ser diestros en lo que me gusta llamar la ingeniería del tiempo. Todo niño (y todo adulto) pasa por ciclos de energía y fatiga. Los arranques emocionales que tanto nos desagradan suelen ocurrir durante uno de esos ciclos de fatiga. Si se fija con atención, verá las señales de advertencia de un arranque antes de que ocurra. Ese es el momento de actuar, no después de que grite ni golpee o muerda a alguien. Muchas veces esperamos a que ocurra el arrebato. Es como si nos protegiéramos hasta que pase el huracán. Tan pronto se dé cuenta de las señales de que "se aproxima mal tiempo", permita que la distracción sea su principal herramienta disciplinaria. Deje de hacer lo que esté haciendo y cárguelo por unos minutos. Léale un cuento o vayan de paseo. Con frecuencia, esto disipa la necesidad de tener un arranque y de que tener que preocuparse por el tipo de disciplina que debe aplicar.

Verá que las maestras creativas tienen esta destreza. Algunas veces una madre se desanima porque el niño no tiene pataletas en la escuela pero en la casa sí, por lo menos, tres veces al día. Si esto le ocurre con su hijo, trate de quedarse en el salón observando la clase. Si es un programa de buena calidad, la maestra dominará muchas de estas destrezas. Sin embargo, lo primero que tiene que tener es una sensibilidad extrema hacia los ciclos de energía y fatiga que tienen los niños, y un programa diario que se ajuste a estos ciclos. La maestra evita tener que disciplinar cuando dirige sutilmente el flujo de sucesos para que coincidan con las reservas de energía de los niños.

2. Su atención puede ser la recompensa más poderosa que posea.

Aunque es posible que el niño no siempre lo demuestre, tener su atención es justamente lo más importante en el mundo para él. Así que recuerde prestarle atención cuando se comporta como debe ser. No espere a que haga algo malo para prestarle atención. Coméntele que le gusta la manera como juega con sus juguetes, o simplemente hágale una señal de aprobación cuando haga las cosas bien. (Para mi sorpresa, los niños de 3 y 4 años de hoy día interpretan y usan esta nueva manera de comunicarse perfectamente bien). No trate de ocultar sus sentimientos cuando se sienta molesto con la conducta de su hijo. Es posible que sus palabras no le comuniquen a su hijo tanto como la expresión de su cara, o la manera como lo agarra.

Cuando la conducta es lo suficientemente reprensible o su hijo ha cometido una ofensa menor, sepárelo de usted. Ésta es la base del "time-out". Le está comunicando a su hijo que cuando hace eso, no puedes estar a su lado, ni al lado de su hermano ni de su amigo. Dígale este discursito antes de comenzar el "time-out" y siempre use palabras para reforzar sus actuaciones y asegúrese de no mirarlo mientras dure el "time-out" (sí eche vistazos de vez en cuando para asegurarse de que esté bien).

Hay diferentes opiniones en cuanto a cómo debe manejarse el "time-out". Hay quienes piensan que debe depender de la conducta: "Tienes que quedarte ahí hasta que dejes de llorar.". Yo prefiero un periodo determinado, ya que muchos niños llorarán hasta el cansancio y realmente nunca dejan de llorar. Déle "sentencias" cortas; para un niño de dos años que está molesto, cinco minutos es una eternidad.

3. Preste más atención a lo positivo que a lo negativo.

Los términos técnicos del proceso disciplinario para los pasos de "desaprender" y "reaprender" son: eliminación de una reaccióny adquisición de una reacción. Aunque no nos demos cuenta, la mayoría de nosotros prestamos mucha más atención a la eliminación que a la adquisición. En otras palabras, damos importancia a lo negativo y nos olvidamos de lo positivo. Sin embargo, la parte más importante de nuestra disciplina es la atención que prestamos a la conducta es lo que queremos fomentar. Si las cosas van bien y nuestro hijo juega calladamente con sus juguetes, rara es la vez que intervenimos para halagarlo o darle una palmadita en la cabeza. Por otro lado, este tipo de refuerzo es esencial para fomentar lo que queremos que nuestro hijo siga haciendo. Los estudios han demostrado que los niños pequeños reciben mucha más atención cuando desobedecen las reglas que cuando se actúa de la manera apropiada. Asegúrese de hacer hincapié en lo positivo.

4. Las recompensas tangibles tienen su lugar.

Las recompensas tangibles son cosas o eventos que a los niños les gustan, los cuales se pueden dar cuando ocurre un tipo específico de "buena" conducta. No ha existido padre que no haya dado una recompensa tangible a un niño, y quizás ningún padre que no haya sentido un poco de culpa por haberlo hecho. "Si te portas bien, te llevo al parque después de tu siesta". "Come tus frijoles verdes y podrás comer helado de postre". No nos debemos sentir culpables por ello. En primer lugar, funcionan. En segundo lugar, es tal y como funciona nuestra sociedad. ¿Cuántos de nosotros trabajaríamos sin recibir algún tipo de recompensa tangible (un sueldo)? Además, por último, funcionan en ambas direcciones: se pueden dar o quitar. Retener una recompensa tangible puede ser un tipo de disciplina muy eficaz. "Si le pegas a tu hermano otra vez, no podrás ver televisión".

5. Hable sobre la situación mientras la trata.

Esto aplica a cualquier edad, hasta con los bebés. Puede que el bebé de nueve meses no entienda todo lo que le dice mientras lo retira del mango del horno, pero "comprenderá" por la intensidad de sus movimientos y su tono de voz mientras le dice "Te puedes quemar.". Explíquele a su hijo (entre un año y dos años y medio) la razón por la cual lo tiene que aplicar el "time-out". Él sabe, pero sus palabras le brindan información adicional. Si el niño de cuatro años toma un creyón y garabatea sobre de la tarea de su hermano mayor, luego de disciplinarlo de la manera que escoja, pregúntele por qué lo hizo. No le dará una respuesta directa, pero la pregunta lo hará pensar; pensar, a su vez, puede llevarlo a aprender algo nuevo.

Alternativas sanas

Estas cinco técnicas ofrecen alternativas positivas y eficaces al estilo de disciplina más común en la sociedad: pegar, y el tema que usted no quiere que evada. No me hubiera atrevido a concluir dos secciones de discusión sobre la disciplina sin mencionarlo. Utilicémoslo en términos de los cuatro principios generales. Ciertamente no nos lleva a hacer discípulos. Por el contrario, el mensaje es que "Ahora eres pequeño, pero cuando seas lo suficientemente grande, puedes pegar.". Esto no contribuye en nada a la fase de "reaprendizaje" del proceso. La meta es tener una solución rápida y fácil. No toma en consideración los diferentes niveles de sensibilidad que tienen los niños. Y ciertamente no es el momento para hablar. Como ve, no evadí el tema. Ahora sabe exactamente lo que pienso sobre pegar para disciplinar.

Resumen, Disciplina I y II

Rara vez disciplinar es algo fácil. El ciclo de "desaprender" y "reaprender" va más allá de la niñez. Tener una filosofía de disciplina ayuda a los padres a escoger técnicas específicas para cada niño y cada incidente de conducta inapropiada. Una regla importantísima es que nunca queremos escoger una técnica que minimice nuestra credibilidad como personas capaces de tener discípulos. Algunas técnicas que pueden funcionar son: darle la vuelta al problema, prestar atención o no y recompensar o no, recordar que se debe dar más importancia al nuevo aprendizaje que a "desaprender", el uso inteligente de los refuerzos tangibles y hablar con el niño sobre la conducta que debe "desaprender" y la nueva destreza que debe adquirir. Las técnicas específicas no siempre funcionan igualmente bien con todos los niños. El proceso requiere mucha paciencia de parte de los padres.

December 20, 2005

La disciplina, Parte I: Algunos principios generales

La disciplina, Parte I: Algunos principios generales

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Por Bettye M. Caldwell, Ph.D.

Muchas de las preguntas que nos envian los padres tratan, de alguna manera, sobre la disciplina. Ciertamente, es el tema que nos preocupa, o mejor dicho, nos obsesiona, cuando somos padres. "Estoy disciplinando a mi hijo correctamente?". "Estaré afectando su personalidad por la manera como lo disciplino?". "Soy demasiado indulgente?". "Demasiado estricta?". Y así sucesivamente.

Además, parece ser un tema sobre el cual todo el mundo, excepto usted, parece ser experto. Su suegra le dice con plena convicción: "Si le dieras una buena nalgada a Kevin, dejará de hacer eso.". Su mejor amiga le dice con presunción: "Bueno, yo puse a Ashley en 'time-out' una sola vez cuando trató de pegarme y nunca lo ha vuelto a hacer.". Usted se pregunta, "qué me pasa; por qué conmigo no funciona así?". Créame, usted no es el único. Buscar la manera más fácil y segura de disciplinar a un niño de cualquier edad es soñar con lo imposible. Rara vez es fácil, y es un trabajo que nunca se termina.

Es realmente difícil escribir un artículo breve sobre la disciplina, ya que es un tema tan complejo. Por lo tanto, voy a dividir la discusión en dos artículos. En el primero discutiré algunos principios generales de la disciplina. En el segundo, ofreceré algunas sugerencias más específicas sobre los tipos de disciplina adecuados para los niños de diferentes edades. En este artículo, trataré cuatro aspectos que juntos componen lo que llamo una filosofía de disciplina.

1. Disciplinar significa hacer a una persona su discípulo.

Piense sobre la raíz de la palabra disciplina. Es discípulo. Cuando usted disciplina a su hijo, está tratando de hacerlo su discípulo. En efecto, le está diciendo: "Sígueme y te ayudaré a aprender conductas que te ayudarán a evitar que te hagas daño, que te permitirán hacer y mantener amistades, que te ayudarán a desarrollar tu personalidad y tu potencial intelectual, que te harán una persona feliz". Implícitamente, le está diciendo "Merezco que me brindes toda tu confianza, no permitiré que vayas por el camino equivocado.".

Eso da miedo, verdad?, y además es una carga demasiado pesada. Sin embargo, tener todo eso en mente le ayuda a darle un enfoque positivo a todos los procesos disciplinarios. Servirá para recordarle que la meta de la disciplina no es solo dejar de hacer algo; su función básica es más bien la de hacerlo de otra manera. No es solo cuestión de eliminar la conducta inaceptable, su meta primordial es que el niño adquiera la conducta aceptable.

Aceptar este principio como base de una filosofía disciplinaria automáticamente elimina de su repertorio la norma de "No hagas lo que yo hice, haz lo que te digo.". Una disciplina eficaz comunica la convicción de que usted es un modelo adecuado y que su propio comportamiento provee muchos de los ejemplos de qué es aceptable y qué no lo es.

2. Disciplinar conlleva "reaprender" y "desaprender".. Por lo general, cada cadena disciplinaria tiene dos eslabones: "desaprender algo" y luego aprender algo nuevo. A veces olvidamos ese segundo paso tan importante. "Si dejara de gritar cuando no tengo el almuerzo listo lo suficientemente rápido como para satisfacerlo!". Claro que quiere que deje de gritar (desaprender), pero también quiere que espere pacientemente (reaprender) mientras prepara su almuerzo. Tiene que dejar de morder o no lo van a aceptar en el centro de cuidado diurno". Si, usted quiere encontrar una técnica disciplinaria para que su hijo deje de morder, pero aunque lo verbalice o no, también quiere que aprenda a llevarse bien con otros niños. Todo esto tiene que formar parte del proceso disciplinario. Casi siempre nos concentramos en el primer, paso, en dejar de hacer la conducta no deseada, y nos olvidamos del segundo. Sin embargo, tratar el segundo paso puede, en ocasiones, resolver el primero sin mucha intervención de nuestra parte. (Fíjese que dije en ocasiones. No estoy violando mi propia filosofía de que una disciplina eficaz rara vez es rápida y fácil). En todo caso, el reaprendizaje necesario es el componente más importante de una disciplina eficaz.

3. No es fácil.

Si hay algo que me molesta en la literatura que hay actualmente para los padres, es el aire de presunción con el que manifiestan que disciplinar a un niño pequeño es lo más fácil del mundo. Bueno, sólo tiene que tener a la mano suficientes chocolates M & M" o Determine cuál va a ser la esquina del 'time-out' y dígale a su hijo con voz firme que tiene que quedarse allá sentado hasta que deje de llorar." (o deje de hacer la conducta inapropiada que fuese). He visto a niños que no se pueden quedar quietos en una silla ni amarrados con una soga ni con la silla atornillada al suelo, un procedimiento totalmente inaceptable si lo que se trata es de hacer un discípulo. Claro que estoy exagerando, pero imagino que la mayoríaa de ustedes ha legado o escuchado sugerencias que implican que disciplinar es fácil y sencillo.

Casi nunca lo es. Eliminar una conducta indeseada y sustituirla por una más aceptable suele ser un proceso a largo plazo. Comencé a dar clases de desarrollo infantil cuando tenía veintitantos años, pero no tuve mis propios hijos sino hasta los 33. Uno de mis estudiantes me preguntó una vez que qué era lo más importante que había aprendido de ser padre que no había aprendido ya de mis estudios e investigaciones en el campo. No vacilé en contestarle: " Aprendí que no era tan fácil como pensaba.". Tratando de arrojar luz sobre el asunto, le dije que después de "Te quiero", la frase que más usaba con mis hijos era "Cuántas veces?". A pesar de saber que no significada nada para ellos y de que probablemente tendría un efecto negativo, me encontré diciendo "Cuantas veces te he dicho que no...?". Ha dicho esto alguna vez? Si le ha sucedido, entonces sabe que estoy en lo cierto cuando digo que "hacer un discípulo" no es fácil, y que va a ser una tarea larga y posiblemente ardua.

4. Lo que funciona maravillosamente para un niño, puede que no funcione para otro.

Hay una vasta literatura sobre cómo disciplinar niños, mucha de ella de excelente calidad. Sin embargo, no se ha establecido un consenso claro sobre lo que funciona mejor en diferentes situaciones con niños de diferentes edades y tipos de personalidad. Digamos que usted quiere fomentar el que sus hijos compartan y quiere probar que una recompensa social (un abrazo, un halago, etc.) funciona mejor que recompensar con comida (chocolates, galletas, etc.). Primero, divida un grupo grande de niños en dos y entonces abrace o halague a los niños del primer grupo cada vez que compartan un juguete con otro niño. Por la misma conducta, recompense con comida a los niños del segundo grupo. Después de un rato, sencillamente cuente las veces que los niños de ambos grupos compartieron un juguete y ver que los del primer grupo tienden a compartir mejor (claro, es justo lo que usted predijo).

¿Por qué, entonces, cuando usted habla sobre este tipo de investigaciones en un grupo de padres, alguien de seguro le comenta: "Ya he tratado eso con mi hijo y no funciona para nada?". La respuesta es que en las investigaciones, tal y como sucede en la vida real, hay niños que no responden como la mayoría. Existen importantes diferencias individuales en la manera como los niños reaccionan a un tipo de disciplina. Algunas veces, una técnica que funciona a las mil maravillas con un niño no funciona con su hermanito. Los niños también se diferencian en la cantidad de esfuerzo que se requiere de su parte para que modifiquen su conducta. Es posible que un niño desista de una conducta indeseada luego de que lo mire mal una sola vez, mientras que otro tal vez necesite que se le mire mal unas cien veces y se le castigue otras cuarenta. El gran reto que tienen los padres es encontrar y usar la técnica que funcione mejor con cada uno de sus hijos.

Estos cuatros principios:
* crear discípulos,
* recordar la parte del "reaprendizaje" en el proceso,
* anticipar las dificultades y no buscar soluciones fáciles, y
* reconocer las diferencias individuales proveen una estructura para disciplinar a los niños de todas las edades.

Tratar problemas específicos es más fácil que si fijamos la tarea dentro de este marco de referencia. En la Parte II de esta sección sobre disciplina veremos algunas de las técnicas específicas que he encontrado que resultan útiles y eficaces en niños de diferentes edades.

Educación

"Educación desde la cuna hasta la tumba". Gabriel García Marquez

December 18, 2005

"Sé cómo arrancar a su hijo del ordenador"

Sábado 17 de diciembre 2005
LA VANGUARDIA, Barcelona


MUÑECAS

Tiene ese algo de pulcro y prefabricado que convierte a algunas norteamericanas en muñecas sin edad. A la directora del departamento de investigación de Fisher-Price le basta con observar unos segundos la foto de un niño para describir a la perfección su personalidad. Es responsable del único centro del mundo (Play Lab) donde los propios niños evalúan la calidad de sus juguetes. La experta llena la mesa de objetos rojos púrpura y amarillo limón. Sus manos se mueven a la velocidad del transformista. De golpe, la doctora se ha metamorfoseado en lúdica criatura, una chica lista de risa contagiosa. Dice ser capaz de dar conferencias de ¡dos horas! explicando las virtudes de un objeto de tres aros del que se venden en el mundo, cada año, más de un millón de ejemplares


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KATHLEEN ALFANO, DOCTORA ESPECIALIZADA EN COMPORTAMIENTO INFANTIL

"Sé cómo arrancar a su hijo del ordenador"

Preferiría no decir mi edad sino los años que hace que trabajo para Fisher-Price: 26. Nací y vivo en Búfalo. Estoy casada y no tengo hijos. Me considero una mezcla de norteamericana liberal y conservadora. Soy católica. Jamás he conocido un niño que no jugara. Reconozco que los padres compran demasiados juguetes a sus hijos

NÚRIA ESCUR - 17/12/2005


Sin hijos y especialista en niños.

- Hubiera querido tenerlos, pero me casé muy tarde.

S- ¿Cuál fue el primer juguete de su vida?

- Me estoy viendo. Tengo cinco años y estoy con mi hermana delante de una cocina de madera, minúscula. Pero como no tenemos suficientes juguetes, cogemos las cortinas, las joyas de mi madre, sus zapatos, su bolso... y empezamos a imaginar.

- ¿Qué juguetes habría que prohibir?

- Los inseguros. Si se fija, verá que muchos están realmente mal fabricados.

- Nuestros abuelos se construían sus propios artilugios.

- Y a pesar de la avalancha de trastos que hoy les invade, ¿sabe con qué siguen jugando los niños en los parques? ¡Con las hojas, la arena y las piedras!

- ¿Darles muñecas o balones determina su condición sexual?

- Cuando yo empecé en esta profesión también creía que había que dar muñecas a los niños y balones a las niñas, pero con los años me he dado cuenta de que no. Realmente, existe algo genético que les hace escoger.

- Le regalé una muñeca a mi hijo y la lanzó al tejado.

- ¡Nuestros cerebros son distintos! Así lo demuestran todas las investigaciones que se han hecho. Si los colocas ante cinco objetos... ¡incluso los chimpancés varones escogen unos juguetes y las hembras otros!

- ¿Eso va a cambiar?

- En un par de décadas. Los niños actúan por simulación. Y para entonces espero que hayan visto a muchos padres cocinando, fregando y dando biberones.

- ¿Por comprar más juguetes a mi hijo voy a hacerle más inteligente?

- No. El modo en que un padre puede hacer más inteligente a su hijo está relacionado con tres acciones: hablar, cantar y leer con él.

Los juguetes le ayudarán a dominarse, a esperar su turno, a aguantar, ¡pero nunca deje un juguete nuevo delante del niño y se vaya! Usted también debe jugar cuando lo estrenen.

- Desde que hay ordenadores, los niños ignoran los juguetes clásicos.

- Ni la televisión ni los ordenadores deberían ser enemigos del juguete. El juego con ordenador es mucho más social de lo que creemos, porque incorpora hermanos y amigos. ¡Pero marque fronteras! ¡Supervise, escoja programas de ordenador creativos!

- ¿Cómo negociar el tiempo?

- Yo sé cómo hacer que su hijo deje el ordenador y no se enganche. Haga cuatro tickets de colores y déselos al niño. Cada uno vale para media hora de una actividad tecnológica:ordenador, tele, play, vídeo...

- ¿Y...?

- El niño decide cada día, al volver de la escuela, a qué quiere jugar. Puede escoger tres. Debe devolver los tickets a su madre una vez agotado el tiempo.

- Cuando agota los tres tickets...

- Ya no puede repetir el juego. Como mucho, puede guardarse uno para cambiarlo el día siguiente. ¡Nunca más de uno! Así, el niño siente que escoge y el adulto que controla.

- ¿Y prohibirle algo?

- Un niño que sólo se distrae con una cosa, sea tecnología o juguetes, acaba siendo un niño aburrido.

- ¿Un niño que no juega es niño enfermo?

- No he visto ninguno que no juegue. Incluso con dolencias graves o enfermedades psíquicas. A veces sus padres se concentran tanto en la terapia de rehabilitación que olvidan que sus hijos ¡deben divertirse para sanar!

- ¿Qué ocurre cuando llegan de orfanatos?

- A menudo hay que enseñarles a jugar. Eso ocurre cuando han pasado demasiados años encerrados sin ningún tipo de estímulo.

- ¿Sería bueno que los adultos jugáramos?

- Los progenitores son los culpables de que los adolescentes dejen de jugar. Los agobian con muchas responsabilidades. ¿Quién puede decidir a qué edad dejas de jugar?

- Creen que la competitividad los refuerza.

- ¡Demasiados estudios, deportes, instrumentos musicales...! ¡No les dejan respiro! Obligándoles a dejar de jugar estamos aniquilando su creatividad. Incluso nosotros deberíamos seguir jugando sin vergüenza.

- ¿Juegan distinto en EE. UU. y en Europa?

- Cualquier niño de cualquier rincón del mundo que juegue con un teléfono de plástico, lo primero que dirá al acercárselo al oído será: "¿¿Mamá??". Pero ustedes juegan juntos. Allí los miembros de una misma familia pueden vivir a kilómetros...

- ¿Es bueno que un niño sepa ahorrar?

- Es una genial idea. Al niño debes enseñarle que no puede tenerlo todo inmediatamente. Y andamos tan sobrados que a algunos incluso hay que explicarles lo que es ahorrar para comprarse un juego. ¡No tienen ni idea!

- Viendo cómo juega un niño ¿es usted capaz de definir su personalidad?

- Los rasgos extremos sí: si es tímido, hiperactivo o ansioso.

- Una pista.

- Averigüe a qué quiere jugar en un día de lluvia. Ésa será, en el futuro, su vocación.

- Supongamos que un amigo le regala una metralleta de plástico. Usted es antibelicista. ¿La guarda en el armario o se la da?

- Con esconderla no va a conseguir nada. ¡Si el niño quiere jugar a matar, lo hará con una pistola o apuntando con los dedos de su mano!

- ¿Juego a la guerra con él?

- Aprovéchelo como un momento ideal para explicarle la violencia en el mundo: "¿Por qué quieres jugar a matar?". Y añada lo que crea que debe saber sobre eso.

- ¿Qué juguete ha regalado más veces?

- ¡Libros! Son los grandes olvidados.

December 17, 2005

"La escuela de hoy ha matado al maestro"

Viernes 16 de diciembre 2005

La Contra
LA PUERTA


Las palabras dicen más de lo que significan. Y es preocupante la vergonzosa sustitución de ´maestro´ por eufemismos tecnocráticos como ´enseñante´ o ´profesional educativo´. Por eso reconforta oír a Borghesi reivindicar al maestro. Ser maestro es convertir el conocimiento en experiencia y la información en vida compartida con el alumno. Allá donde se produce este milagro que nos transforma en personas, allá hay una escuela. Si encima tiene muchos ordenadores por alumno, pues mejor, pero no es la informática sino los humanos quienes educamos y nos educamos. Borghesi proclama verdades muy viejas, pero resulta alarmante que hoy nos suenen tan nuevas. Y la educación es la puerta de todos los derechos humanos... Y de todas las responsabilidades
 


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MASSIMO BORGHESI, FILÓSOFO Y PEDAGOGO

"La escuela de hoy ha matado al maestro"

Tengo 52 años: la edad te vuelve cínico si no la conviertes en madura e ilusionada aceptación de la vida. Nací en San Sepolcro, como Piero della Francesca. Soy cristiano y humanista. Casado, tres hijos. Soy de izquierdas en lo social y de centro en lo demás. Publico El sujeto ausente:el maestro debe volver a ser el sujeto de nuestra educación

LLUÍS AMIGUET - 16/12/2005


- La escuela hoy fracasa, porque falta el maestro.

- Creo que no están de huelga...

- Me refiero a la figura del maestro, que es el sujeto de la educación. El maestro convierte el conocimiento en vida: en experiencia directa. Si el maestro no transforma los contenidos en vivencias que el alumno ve reflejadas en las suyas, educar se convierte en algo...

- ¿Aburridísimo?

- Es mera repetición de fríos contenidos acumulados por discutibles criterios programáticos. Y eso es lo que ha hecho hoy nuestra educación: ha matado al maestro y está a punto de matar a los alumnos de puro aburrimiento y desmotivación.

- Los enseñantes deberían cobrar más.

- El maestro, que ni siquiera se llama ya maestro, se ha transformado en un técnico, un mecánico de la información. Y, en consecuencia, la sociedad lo trata como tal: le regatea el sueldo y la consideración social y lo margina del discurso público.

- Quejarse, los profesores, se quejan.

- Sí, pero, en general y salvo excepciones dignísimas, el maestro ha acabado asumiendo ese papel de autómata. Nuestra escuela, nuestra universidad ya no pretenden formar, sino simplemente informar y hasta en eso fracasa, porque educarse no es acumular conocimientos, sino discriminarlos: distinguir entre lo importante y lo relativo. Sin esa distinción, los alumnos se pierden en un magma caótico de datos.

- Habrá países mejores que otros.

- Hay paraísos como Finlandia. Pero es un problema europeo: Francia, Italia, Reino Unido o España sufren el mismo mal.

- ¿Por qué?

- Porque, de los años 60 a esta parte, ha naufragado la concepción humanista del universo que alumbró la civilización occidental en un desconcertante relativismo cultural.

- ¿Puede ser más concreto?

- George Steiner, Harold Bloom o aquí Fernando Savater han denunciado antes que yo esa dimisión del ser humano ante la tecnocracia, ante el caos y la nada reglamentada.

- ¿Más específico?

- El conocimiento es el diálogo de un ser humano con quienes lo son y fueron en otros lugares y en otros momentos de nuestra historia como especie. Sin ese diálogo, que convierte los datos en experiencia, los seres humanos de otras culturas y otras épocas son eso: pasado y lejanía. Sin ese diálogo ellos están muertos y nosotros huérfanos, perdidos.

- ¿Y ahora no dialogamos?

- Hoy acumulamos datos sobre el pasado y el mundo creyendo que eso es la cultura, creemos que la educación es asimilar un enciclopedismo banal e inerte. Si nuestra educación no hace sentir a un estudiante el amor que sintió Dante y revivirlo en su amor de hoy por alguien... entonces: ¿Qué sentido tiene Dante? ¡Dante sin vivirlo es un cadáver!

- Para hablar con Dante y que te entienda un alumno hace falta carisma.

- Debe intentarlo, porque si no, el ser humano se disuelve en un magma de ideas sin jerarquía ni sujeto. ¡Nos faltan maestros! Ellos deben conectar lo que sienten sus alumnos con lo que sintió y escribió Dante, lo que ingenió Cervantes y fascinó a Shakespeare.

- Para eso hay que leer.

- Sin maestro, los alumnos no leen. En lugar de dialogar con Dante, en lugar de hablar de su amor con otros seres humanos que lo escribieron y lo vivieron en otras épocas y otros países, acaban contrastando sus sentimientos con los programas rosas de la peor televisión. Por eso, sin maestros, tendremos ciudadanos a la altura de esos programas basura, condenados a una existencia banal sin profundidad ni sentido. Seres manipulables.

- También hay intentos de regeneración.

- Las reacciones oficiales se limitan a encerrar al alumno en una cultura nacional, pese a que la educación es universal por definición: las administraciones ofrecen al estudiante una única identidad nacional, la que interesa a los políticos, para dar sentido a ese caos de datos sin sentido.

- Por lo menos que conozcan su país.

- Una vez ha dimitido de su labor de formar y ha fracasado al informar, nuestra educación, impotente para dar y exigir al alumno un sentido ético de su vida que le sirva en todas las situaciones, le imparte cursillitos de educación vial o sobre drogas: ¡Qué mejor educación para las drogas o de la sexualidad que tener criterio formado de persona madura y responsable! ¿Lo ve? Damos información sin dotarla de sentido. Los estudiantes necesitan auténticos maestros y no cursillos.

- Por lo menos, que sepan las señales.

- Enséñeles a pensar y ellos aprenderán a ser ciudadanos. Esos cursillos de todo tipo de conocimientos prácticos, como la obsesión tecnológica, denotan que nuestra enseñanza ha enterrado primero al maestro y después al ser humano. Sobre la tumba se ha impuesto una tecnocracia neutral educativa.

- Mal pagada.

- Es la consecuencia de la renuncia a ser maestro de los enseñantes. El maestro hoy es un pequeño robot que comercializa a bajo precio lo que se supone que sabe.

- Por eso es sustituible por el ordenador.

- Esa es la última fantasía tecnocrática: ¡Ya no necesitaremos maestros en las aulas! ¡Pondremos ordenadores!

- No dé usted ideas.

- ¡Qué gran fracaso! ¿Cómo puede un ordenador encarnar y revivir los sentimientos y las decisiones de una vida? Me temo que andamos muy perdidos, pero no desespero porque basta un buen maestro, un puñado de ellos, para disipar el nihilismo y el caos y dar al futuro sentido y humanidad.

December 11, 2005

Cómo fomentar la adaptabilidad de su hijo

 
El Dr. Bob Brooks explica cómo fomentar la adaptabilidad de su hijo


Pregunta SchwabLearning.org:


Gran parte de su trabajo en los últimos años se ha centrado en asuntos relacionados con la esperanza y la adaptabilidad. ¿Qué lo llevó a interesarse en estos conceptos? ¿Puede decirnos por qué algunos niños con problemas de aprendizaje se convierten en adultos mucho más exitosos que otros? ¿Qué contribuye a su éxito?


Respuestas del Dr. Robert Brooks:


Mi inclinación a abordar temas relacionados con la esperanza y la adaptabilidad surge de mi interés en el área de la autoestima infantil, además de las preguntas formuladas por los padres. Cuando comencé a analizar el concepto de la autoestima, muchos padres, especialmente los padres de niños con problemas de aprendizaje, manifestaron su preocupación y ansiedad sobre lo que el futuro les depararía a sus hijos. Algunos describían a sus hijos de una manera muy desalentadora: baja autoestima, mala relación con sus pares y fracaso en la escuela. Planteaban preguntas como, “¿Hay esperanza?” “¿Es posible que mi hijo se vuelva más seguro de sí mismo y sea exitoso?” “¿Podrá mi hijo desarrollar relaciones más satisfactorias?


Mientras me capacitaba en psicología, me enseñaron que nuestra personalidad básica se forma cuando tenemos entre cinco y seis años de edad. Ahora sabemos que una gran parte del desarrollo y de los cambios se producen después de esa edad. También sabemos que los niños que padecen de problemas de aprendizaje y baja autoestima no están destinados a llevar una vida llena de tristeza y fracasos. De hecho, muchos están satisfechos con la vida que llevan. Son adaptables.


Dos preguntas que me hacen con frecuencia son: “¿Cuáles son las convicciones y las capacidades que poseen los niños adaptables comparados con aquellos que no se recuperan de la adversidad?” y “¿Qué contribuye a que algunos niños sean más adaptables que otros?” Las respuestas a ambas preguntas son la clave para fomentar la autoestima y la adaptación de los niños.


El modo de pensar de los niños adaptables


Mi colega, el Dr. Sam Goldstein, y yo explicamos en nuestro libro Raising Resilient Children, que los jóvenes adaptables tienen ciertas convicciones sobre sí mismos y sobre los demás, que los distinguen de sus pares que no son adaptables. Nosotros llamamos a este grupo de convicciones un “modo de pensar”. El modo de pensar de los niños juega un rol importante que influye en su comportamiento, el que a su vez afecta su modo de pensar.   Así, hay un ciclo permanente que puede producir un modo de pensar que es más optimista y esperanzado o uno que es pesimista y desconsolador. Cuando nos sentimos más esperanzados, cuando nuestra autoestima está más alta, usamos estrategias para salir adelante que conducen a un mayor crecimiento personal. Sin embargo, con frecuencia un sentimiento de insuficiencia y pesimismo dispara estrategias para salir adelante que son desfavorables o contraproducentes (por ejemplo, darse por vencido, payasear, sentirse intimidado, evitar situaciones).


Es importante entender el modo de pensar que poseen los jóvenes adaptables. De esa manera los padres, los maestros y otras personas que los rodean pueden tratar de fomentar este modo de pensar durante todas sus interacciones con los niños con problemas de aprendizaje. A continuación se mencionan muchos de los componentes clave e interrelacionados de un modo de pensar adaptable:


Definir cuáles son las cosas que uno tiene bajo control, y centrar el tiempo y la energía en esas áreas. Paul Gerber, que investigó adultos con dificultades de aprendizaje que son exitosos, detectó que sentirse en control fue el factor más importante en su éxito. Señaló: “Control significa tomar decisiones concientes y fundamentadas para hacerse cargo de su propia vida”. Esta afirmación concuerda con el principio de la teoría de las atribuciones que describo en mi primer artículo; concretamente: debemos reforzar un sentido de propiedad y responsabilidad en nuestros jóvenes. Tener la sensación de control despeja el sentimiento de lástima por sí mismo o de percibirse como víctima.

Creer que uno puede resolver problemas y tomar decisiones. Ésto está muy relacionado con el sentimiento de tener el control. Es difícil imaginarse que un niño conozca y pueda concentrarse en cosas sobre las que sepa que tiene control si no tiene una sólida capacidad para resolver problemas. 

Tener autodisciplina. Los niños adaptables aprenden a pensar antes de actuar. Los guía un estilo más reflexivo, en lugar de dejarse dominar por un comportamiento impulsivo. 

Sentir que los errores y los fracasos son experiencias de las cuales se puede aprender. Las personas adaptables creen que pueden aprender de sus errores. Los errores pueden servir como punto de partida para el desarrollo de un panorama más realista de uno mismo y de estrategias de aprendizaje más efectivas. Esta es una de las características básicas de la teoría de las atribuciones.

Creer que uno tiene algo que aportar y puede hacer una diferencia positiva en el mundo. En mi investigación, les pedí a los adultos que retrocedieran a su niñez en la escuela y que describieran uno de sus momentos más positivos que involucre algo que dijo la maestra o que estimuló su autoestima. La respuesta más frecuente es que se les pidió que ayudaran o que contribuyeran de alguna manera, como: “Me pidieron que repartiera la leche y los sorbetes,” “Cuidé a un niño más pequeño”, “Ayudé a cuidar las plantas en el vestíbulo”. Que se le pidiera ayudar a otros a comunicar el mensaje: “Creemos que tienes algo que ofrecer y que eres un miembro valioso de la comunidad”.

Definir "las áreas de competencia" propias sin negar las áreas débiles. Todos los niños tienen áreas de competencia o virtudes. Con mucha frecuencia, cuando hay un niño con problemas de aprendizaje tendemos a centrarnos en sus deficiencias y en cómo “solucionarlas”, más que en cómo fortalecer sus virtudes. Los jóvenes adaptables pueden articular y usar sus virtudes. Para decirlo de otra manera, ellos no creen que toda su personalidad se asocie a sus problemas de aprendizaje.

Sentirse cómodo con los demás y creer que pueden ser una fuente de apoyo y de fortaleza. Los jóvenes adaptables pueden buscar asistencia de una manera que les resulte cómoda. Este componente de un modo de pensar adaptable, está muy relacionado con los otros componentes, captura el significado de una relación positiva en el proceso de fomentar la adaptación.

Dominios que contribuyen a la adaptación


Los investigadores destacaron tres dominios importantes que tienen influencia en el desarrollo de la adaptación, éstos son:


Recursos internos: Con frecuencia se detectó que los niños adaptables poseen un temperamento conocido como “tranquilo”, generando una respuesta positiva en los adultos. Ésto facilita el desarrollo de la capacidad para resolver problemas más avanzados y estrategias para salir adelante, un mayor nivel de autoestima y un sentido de control personal realista. 

Clima familiar: No resulta ilógico pensar que es más probable que los niños adaptables provengan de ambientes hogareños caracterizados por la calidez, el afecto, el apoyo emocional; así como con límites y estructuras bien definidos y razonables.

Ambiente social fuera del hogar: El grupo familiar, los amigos y los grupos de la comunidad pueden proveer el apoyo necesario. Se hizo hincapié en que las escuelas eran instituciones muy importantes para fomentar en los niños el sentido de la esperanza y un modo de pensar adaptable. Dadas las situaciones de fracaso que experimentan muchos niños con problemas de aprendizaje en la escuela, es especialmente importante que los educadores implementen estrategias que fomenten logros realistas y minimicen las posibles humillaciones.

La importancia de un “adulto carismático”


Un tema común en estos tres dominios es la presencia de un adulto que brinde su apoyo. Nunca debemos subestimar la influencia de las personas que los cuidan para ayudar a los niños con problemas de atención y aprendizaje a que se conviertan en más esperanzados y exitosos.  Emmy Werner, una investigadora eminente en el campo de la adaptación, dice: “Por sobre todas las cosas, la autoestima y la autoeficacia se estimulan a través de relaciones que brindan contención. Todos los jóvenes adaptables en nuestro estudio tenían al menos una persona en sus vidas que los aceptaba incondicionalmente”.


El fallecido Julius Segal llamó a esa persona un “adulto carismático”. En una revisión de numerosos estudios, observó que un factor que ayudaba a los niños en riesgo a combatir las fuertes desigualdades en su contra era “la presencia en sus vidas de un adulto carismático (una persona con la cual ellos se identificaran y de la cual obtuvieran la fuerza necesaria)”. Segal dijo además, “Y en un número sorprendente de casos esa persona ha sido un maestro”.


En respaldo de las observaciones de Segal había una expresión en el Departamento de Educación de Massachusetts que enfatizaba: “Posiblemente el elemento más crítico para triunfar en la escuela, es que un alumno desarrolle al menos una relación estrecha y formadora con un adulto que lo proteja. Los alumnos necesitan sentir que hay alguien que conocen en la escuela, a quien pueden recurrir y que los defenderá".


Creo que los padres, los maestros, los entrenadores y las otras personas que los cuidan tienen la capacidad para convertirse en el adulto carismático en la vida de los jóvenes con dificultades de aprendizaje. Si alguien va a cumplir este rol, una pregunta importante que surge es cuál es la mejor forma de hacerlo y qué intervenciones son las más efectivas.  El marco para la autoestima, como la teoría de la atribución, así como un entendimiento de los componentes de un modo de pensar adaptable puede servir como guía para responder a esta pregunta.


Después, hablaré sobre cómo los adultos deben modificar sus propios “discursos negativos” y “modos de pensar negativos” para que los niños con problemas de aprendizaje puedan cambiar los suyos.  Mis dos artículos finales se centrarán en lo que pueden hacer los padres y los maestros para fomentar la autoestima, la motivación, la esperanza y la adaptación en estos jóvenes.


© 2005 Charles and Helen Schwab Foundation   Creado: 09/02/2005


Con la colaboración de

El Dr. Robert Brooks forma parte del cuerpo docente de la Facultad de Medicina de Harvard y fue Director del Departamento de Psicología en el Hospital McLean. Escribió muchos artículos y capítulos de libros; el libro The Self-Esteem Teacher; y es coautor de A Pediatric Approach to Learning Disorders y Raising Resilient Children.

December 10, 2005

Regale lo que quiera, pero sin enloquecerse

EL TIEMPO, Bogotá
Diciembre 10 de 2005


Regale lo que quiera, pero sin enloquecerse (Opinión)


Lo que debiera mantenerse como un hermoso tiempo de magia y de encuentro ha llegado a convertirse para muchos en una tortura sin igual.

Pocas experiencias tan gratificantes y amorosas como las de regalar y de recibir regalos, con su carga de expectativa y de sorpresa, de encanto y de fascinación… a no ser que se trate de la cada vez más espantosa maratón de compras y regalos para la Nochebuena. Qué dolor de cabeza.


Y todo, porque todos, sin excepción, nos sentimos obligados a regalar, y ¿qué gratificación puede surgir de dos cosas tan contradictorias como querer regalar y sentirse obligado a hacerlo, y por si fuera poco, al tiempo con todo el mundo?


Como decía, es una maratón, pero además una suerte de insensatez colectiva y costosa.


No todo queda ahí, sin embargo. Hay que decidir si a los niños se les compra ropa como para “matar dos pájaros de un solo tiro”, aunque ya sabemos que van a protestar un poco, o los tiernos juguetes tradicionales que a ustedes como padres les gustan tanto, pero que a los niños y a las niñas no los motivan ni poquito, o el último de moda, electrónico, sofisticado y costosísimo que les permitirá a ellos quedar muy “in” con los amiguitos, aunque corriendo el riesgo de que les parezca horrible porque van a comparar con los de los otros que siempre pueden ser más modernos y más sofisticados, aunque (y en eso qué niño piensa) muchísimo más costosos.


En fin, que regalar para estas épocas se ha convertido en un oscuro y peligroso laberinto, y eso sin entrar en detalles sobre lo riesgoso que puede resultar para la estabilidad emocional la obligación de regalar a tías y tíos, cuñados y concuñados, primos, compañeros de trabajo y sus respectivos hijos, por ejemplo, que también pueden estar en la lista.


Volvamos a los niños, entonces. Qué bueno fuera que no se perdiera el espíritu original de estas celebraciones y que, aun manteniendo la importancia y el disfrute de regalar y de ser regalado, no se abandonara la dosis de encanto y de encuentro que para creyentes o no, tienen estos festejos. Que sigan siendo eso, festejos, y oportunidades de sorprender, de halagar, de demostrar afecto, de compartir al calor del reconocimiento del valor de todos y de cada uno.


Hay modos colectivos que no podemos evitar aunque quizás nos molesten, pero siempre existe la posibilidad de crear con nuestros hijos, grandes o pequeños, lo mismo que con los otros seres queridos, un ambiente especial y propio, sin dejar pasar la oportunidad para resaltar el valor que para nosotros tienen.


Esto es lo que después se vuelve inolvidable: el modo; la particular forma de celebrar que también a nosotros nos hace sentir que esta es una época mágica, aunque pareciera que cada vez menos… pero depende de nosotros.


Jorge Alba
Escuelas de Buentrato

December 09, 2005

Jóvenes de hoy, conectados a toda hora

Diciembre 3 de 2005
EL TIEMPO, Bogotá


Jóvenes de hoy, conectados a toda hora (opinión)


Nuestros jóvenes viven conectados a un aparato, llámese celular, IPod, discman, computador, televisión o videojuego. Es impresionante ver cómo esta costumbre se convierte en hábito y a veces casi en una adicción. Pareciera que estos nuevos acompañantes son el refugio de protección ante posibles desamores, desplantes y, en general, de la soledad.


¿Están conectándose a una realidad o desconectándose de ella? ¿Será que no resisten al mundo como es y prefieren vivir en su mundito privado? ¿Es la realidad que los rodea tan desmotivante y tan aburrida? ¿Qué va a pasar con la socialización y el compartir con otros? ¿Cómo van a manejar la frustración, el dolor, la paciencia y todo lo que se necesita para enfrentar la vida?


También está la conexión tan fuerte que están haciendo con el alcohol y otras sustancias que los mantienen desconectados de la realidad. Toman demasiado y a muy temprana edad. No ayuda para nada que los medios cada vez más intenten que menores de edad beban. Propagandas como las de las cervezas que hablan de "alto contenido alcohólico que te llevan mas rápidamente a niveles de placer nunca conocidos" apelan a que sus hijos hagan lo que quieran para ser "felices".


No hay límites para el uso de los aparatos electrónicos, ni tampoco hay supervisión ni límites en cuanto a las salidas y el consumo de alcohol. Muchos padres piensan que son jóvenes y que estas costumbres son pasajeras, pero están equivocados. Cada día hay más jóvenes emproblemados por culpa de estar "pegados" a algo que no toca.


Encuestas recientes mostraron que cada vez hay más embarazos en adolescentes y más relaciones sexuales casuales sin protección. Estamos jugando con candela y poniendo en riesgo a una generación. Los padres no pueden seguir pensando que tomar no hace daño y que estos aparatos son inofensivos. Todo en exceso es malo.


Ya hay asociaciones serias como Redpapaz, preocupadas por la situación de la juventud, apelando a los medios para que manden mensajes más sanos. Tienen que unirse más padres a estos movimientos, para salvar a sus hijos de las garras de la perdición.


ANNIE DE ACEVEDO
Psicóloga familiar
annieacevedo@hotmail.com

December 07, 2005

No son sólo cosas de niños

ESTILO DE VIDA

No son sólo cosas de niños  

Cada vez aparece una lista mayor de psicopatologías en la infancia. Actitudes violentas, depresiones, trastornos de la alimentación… Los datos invitan a cuestionarse, sin alarmismos, dónde están las raíces del problema y cuál es la solución. Muchas veces, prevenir este tipo de conductas y evitar males mayores está en nuestras manos.

ÁLEX ROVIRA CELMA
EL PAIS SEMANAL - 04-12-2005


De un tiempo a esta parte, aparecen en los medios de comunicación noticias muy inquietantes sobre el incremento de las psicopatologías infantiles en los países occidentales. Datos que hablan de preocupantes tendencias que afectan a niños y adolescentes. Más allá del componente hereditario que puede haber detrás, los especialistas apuntan a factores ambientales como causantes principales de este fenómeno.
A continuación nos detendremos sobre lo que está ocurriendo, sin alarmismos pero con la conciencia de que estamos ante un problema que no sólo afecta al presente de muchos niños y adolescentes, sino al futuro de todos.

Algunos datos inquietantes. La depresión afecta a uno de cada 55 niños en España. Las psicopatologías infantiles han aumentado un 3% en el último año y se calcula que al menos un 25% de los adolescentes y niños españoles padece en algún momento de su vida una patología neuropsiquiátrica.

Hace ya cinco años el Bureau of Health Professions de EE UU calculó que, entre 1995 y 2020, las consultas de psiquiatría infantil aumentarán en un 19%. La situación es especialmente delicada en dicho país, donde 14 adolescentes se suicidan cada día. Además, uno de cada 10 diez pequeños de entre 6 y 12 años, esto es, cinco millones de niños, sufren síntomas persistentes de tristeza.

En Japón, 34.000 personas se quitaron la vida en 2003. De ellas, el 22% tenía menos de 19 años. Lo alarmante es que algunos suicidios se organizaron de manera colectiva a través de Internet.
A todo esto se añade la previsión de la Organización Mundial de la Salud, que advierte de que dentro de tan sólo 15 años los trastornos neuropsiquiátricos entre niños y jóvenes en los países desarrollados pueden incrementarse en un 50%.

Síntomas y tendencias. Los trastornos de conducta en la escuela suelen ser los primeros indicadores de que algo va mal. Muchos especialistas aseguran que el acoso escolar siempre ha existido, pero también afirman que su cifra va en un aumento.

Además, las atenciones en los servicios de urgencias no paran de crecer: el incremento en la agresividad juvenil no sólo se manifiesta en la escuela. Últimamente han aparecido en los barrios grupos organizados al estilo de bandas mafiosas que amenazan y ejercen una violencia gratuita.

Paralelamente, las informaciones públicas ponen también de manifiesto que los jóvenes se inician cada vez antes en el consumo de tabaco, alcohol, cannabis y cocaína.
Trastornos más comunes. Los especialistas hablan de diferentes trastornos: desde los que generan aislamiento y tristeza en el pequeño, como la depresión, hasta trastornos de comportamiento caracterizados por el no respeto de las normas de convivencia.

Capítulo aparte merecen los trastornos de alimentación como la bulimia y la anorexia, que también van en aumento y aparecen cada vez a más temprana edad: a partir de los 11 años. Sólo en España, más de 70.000 chicas sufren alguno de estos trastornos.

Posibles causas. Quizá deberíamos partir de que los adolescentes y los niños no viven en un mundo aparte, y que su realidad viene dada de la que construimos los adultos.

Individuos, empresas, administraciones públicas, y en definitiva todo agente social, juegan un papel clave en el proceso de convertir en personas a los pequeños ciudadanos. Dejar su educación en manos de los maestros de escuela es una postura cómoda y simplona que no absuelve de responsabilidad a quienes son en realidad los principales responsables de la misma: los padres. Lo que hagan de su vida es el resultado de un entorno que exige que se tomen medidas para paliar lo que está ocurriendo.

Vayamos más allá: España ostenta el dudoso honor de ser el país de Europa donde la conciliación de vida personal y laboral es más difícil. Por ese motivo se estima que en 2004 más de 110.000 españoles abandonaron su empleo (mejor debería decirse españolas, ya que casi el 95% eran mujeres). La falta de tiempo, resultado de jornadas maratonianas de mucho más de ocho horas, a menudo ineficientes pero muchas veces necesarias para llegar a fin de mes, hace que veamos poco a nuestros hijos. Dedicarles las horas y las atenciones adecuadas es requisito indispensable para un desarrollo sano.

Los canguros alternativos que ofrece la sociedad de consumo, a menudo dejan mucho que desear: muchas veces, la televisión, Internet o los videojuegos ofrecen contenidos basura que hacen apología de la violencia y de la transgresión impune y gratuita en sus distintas versiones, o muestran arquetipos de conducta y belleza que definen patrones de referencia ciertamente indeseables. A ello se suma, además, la banalización de cuestiones como las relaciones afectivas o el sexo, que se presentan con estímulos abundantes de fácil acceso en la Red, los móviles y la publicidad. Toda la oferta imaginable al alcance de la mano: productos de usar y tirar, escenarios virtuales donde todo puede repetirse sólo pagando o pulsando un botón; todo vale, todo está al alcance de la mano, siempre se puede repetir… son mensajes de doble fondo que no ayudan a construir una visión saludable de la vida.

Hay voces que sostienen que lo importante para la felicidad de nuestros hijos es la calidad del tiempo que les destinamos, más que la cantidad. Argumento falaz o autoexculpatorio que, precisamente, genera en muchos un efecto perverso, es decir, padres que cuando están con sus hijos, movidos por la pereza o el miedo a que sus pequeños los rechacen, actúan con un exceso de indulgencia, permisividad o protección. Este sí a todo se convertirá probablemente en exigencias, narcisismo o violencia de unos hijos incapaces de tolerar la frustración.

En el otro extremo, la bofetada es el otro recurso fácil, justificado por 6 de cada 10 españoles que consideran oportuno usar la violencia con los menores “algunas veces”, lo cual no deja de ser sumamente inquietante.

¿Y entonces…? “No prediques, tu hijo te está mirando”, oí en cierta ocasión que un padre le decía a otro cuando éste echaba una bronca con tremendo bofetón a su hijo como reprimenda porque éste, a su vez, había dado un empujón a otro niño.

Aparte de la visita al especialista en caso de observar que algo va mal con nuestros hijos, no está de más volver a la acción coherente y necesaria basada en el respeto, la paciencia, el tiempo, la coherencia y la estructura familiar. Todos ellos son activos imprescindibles para construir buenas personas. Activos cada vez más escasos por la falta de un sentido realmente común.

La tristeza y violencia de los niños de hoy puede llegar a ser la tristeza y la violencia de los adultos del mañana. Éste es un tema demasiado importante sobre el que todos debemos trabajar, ya que no es sólo cosa de niños.

Buenos ejemplos


Haciendo un repaso a la pedagogía usada en la antigüedad, uno puede encontrar referentes interesantes que invitan a la reflexión. En el libro Cuando la hierba es verde, de Esteve Serra, editado por José J. de Olañeta, el autor hace una serie de reflexiones sobre cómo educaban las viejas tribus indias americanas (concretamente los lakotas) a sus hijos:

“Tal vez lo más difícil de la paternidad no fuera vigilar la conducta de los niños, sino vigilar la conducta propia de los padres, ya que el método que usaban para la enseñanza de sus hijos era hacerles observar detenidamente la conducta de los adultos (…). Así pues, los padres lakotas, al igual que los demás adultos, estaban sometidos a un examen continuo de su conducta y de sus conversaciones. De ahí que tuvieran que actuar de la forma más digna y ejemplar posible”.

Álex Rovira Celma es profesor de ESADE, conferenciante y escritor.

Lo que sí tuvimos


"Nos esmeramos tanto por dar a nuestros hijos lo que no tuvimos, que se nos olvida darles lo que sí tuvimos".

December 06, 2005

Honestamente, ¿usted dialoga para llegar a acuerdos o para ganar?

EL TIEMPO, Bogota/ educación
Diciembre 2 de 2005


Honestamente, ¿usted dialoga para llegar a acuerdos o para ganar? (Opinión)

El muy famoso, recurrido y recomendado “diálogo” no suele ser el mejor instrumento para llegar a acuerdos.

La inmensa mayoría de la gente dialoga para ganar y no para entenderse.  En las discrepancias frecuentes de las parejas, para citar solo un ejemplo de un ámbito de frecuentes desencuentros, lo más común es una guerra “a dialogazo limpio”.

Nuestra cultura, más bien machista y arbitraria, en la que importa mucho “ganarse el punto” a como dé lugar, no es común que las parejas esgriman argumentos en torno al punto en discusión con el ánimo de aportar claridad a la visión que el otro tiene de las cosas.  Más fácilmente se asume una actitud desconfiada y se acude a ofensas, a plantear falsas circunstancias, a justificaciones de todo orden, así como a trampas varias con el fin de ganar. Lo importante termina siendo ganar, aunque las cosas queden peor que antes.

¿A usted le ha pasado alguna vez? ¿No es cierto que resulta difícil asumir la responsabilidad de una falta? ¿Y que es más difícil si en lugar de responsabilidad lo que tiene que asumir es la culpa? ¿Y que es peor aún si esa culpa va acompañada de un señalamiento sobre que usted “siempre” hace o deja de hacer lo mismo? ¿Y que definitivamente usted no va a cambiar, y menos mientras más tiempo pasa? ¿Que loro viejo no aprende a hablar… y otras linduras por el estilo? Terrible. Así nadie se entiende, sea usted la víctima o el victimario.

Pues sí. Nuestra cultura está llena de esas modalidades de discusión o de “diálogo”. Digamos que no diferenciamos mucho una cosa de la otra, y llámese como se llame, lo corriente es caer en esos estereotipos que dejan a por lo menos uno bien vapuleado, aunque no pocas veces sean los dos. Aún así, se sigue recomendando el diálogo.

Creo que el diálogo verdadero sí es importante. El problema está en que lo hemos degenerado mucho y, sobre todo, está tan magnificado y sabemos tan poco sobre qué hacer cuando hay diferencias, que lo recomendamos como la mejor medicina y resulta siendo peor que la enfermedad.

La clave, me parece a mí, está en algo muy sencillo: cuando hay enojo y cuentas pendientes por cobrar, no se dispone del elemento sustancial para que se construya un diálogo, que es una buena dosis de confianza entre las personas que lo van a adelantar.

El terreno para tratar de entenderse es quererlo hacer y aceptar que el otro tiene la misma intención. Mejor dicho, más que aceptar, ayudar a que esas condiciones se den.

Dialogar es una construcción activa, no solo un intercambio de palabras, y peor si son ofensivas o desconfiadas. Una de las acepciones más importantes de la palabra diálogo nos remite a negociación. Y negociar es construir, buscar conveniencias compartidas, es ganar juntos y para eso no es bueno andar enojados.

Así que a dialogar, pero antes hay que generar un ambiente propicio, y si empiezan y ven que ese ambiente se va enrareciendo, dejen para otro momento. Siempre hay tiempo, y “un mal arreglo”, como hace años sabemos, “es mucho mejor que un buen pleito”.

Cuando aprendamos a dialogar, entonces sí podemos usar ese fantástico instrumento que, por ahora, por lo visto, nos está destruyendo.

Jorge Alba
Escuelas de Buentrato

December 04, 2005

Armonía de la persona humana (II)

Tal vez si comparamos diez pares de características contrastantes, podemos precisar mejor el significado de la madurez. El primer término de cada par se asocia a la puerilidad y el segundo a la madurez. El siguiente cuadro presenta una síntesis de estas cualidades:


Niño-Adulto


1 Superficialidad-Profundidad
2 Impulsividad-Reflexión
3 Inestabilidad-Constancia
4 Sentimentalismo-Carácter
5 Satisfacción inmediata-Capacidad de sacrificio
6 Autoestima exagerada-Humildad
7 Subjetivismo-Objetividad
8 Extremismo-Equilibrio
9 Egoísmo-Apertura
10 Dependencia-Independencia


1 Superficialidad vs. profundidad


Superficialidad significa fijarse en lo externo sin penetrar en la esencia de las cosas. Una persona superficial se interesa más por las apariencias que por la realidad.

Los niños tienden a ser superficiales. Un niño vive de cada instante; su vida es un sucederse de experiencias y descubrimientos, uno tras otro. Cuando termina una aventura ya está empezando una nueva. No alcanza a ver bajo la superficie el hilo conductor de los acontecimientos o el significado más profundo de sus experiencias. Se contenta con tomar las cosas como vienen. Esta superficialidad en su mirada es el origen de ese candor inocente que lo caracteriza, pero también es la causa de su modo de juzgar basado en apariencias y primeras impresiones. Los niños son excelentes observadores, pero no suelen ser tan buenos para interpretar las palabras y las acciones de los demás.

La superficialidad no es exclusiva de los niños. Un amigo mío, al volver de visitar a su familia, a la que no había visto en varios años, me comentaba que su hermano menor, ahora de veintinueve años, se entretiene todo el día conduciendo a toda velocidad por las calles de la ciudad en un coche deportivo. Más tarde espera vender ese coche y comprar una motocicleta. Su hermana se pasa cerca de tres meses al año viajando por Europa con un grupo de ciclistas que se alegran cuando la gente les sale al encuentro. Mi amigo quedó algo apenado al ver que «sus vidas no tienen ningún otro sentido que el de pasarlo bien mientras puedan».


Una persona madura se caracteriza por su profundidad. Busca el significado detrás de la información; busca la realidad detrás de las apariencias. Este interés por llegar al fondo de las cosas le permite juzgar correctamente sobre las personas, los acontecimientos y las ideas. Para ser profundo hay que tener una mirada realista, libre de prejuicios y de críticas superficiales. Una persona madura sabe afrontar la realidad y manejarla tal como se presenta.


La «realidad» es un horizonte mucho más amplio que el de las cosas visibles o, más genéricamente, perceptibles para nuestros sentidos. No hay ninguna razón para suponer que lo invisible es necesariamente menos real que lo visible. El amor no es menos real que los trastos de la cocina. Dios no es menos real que sus criaturas. De hecho, es infinitamente más real. Todas las criaturas tienen un principio y un fin de su existencia. Dios, en cambio, no tiene principio ni fin.


2. Impulsividad vs. reflexión


Un efecto de la superficialidad es la impetuosidad. Dado que una persona superficial percibe sólo las apariencias inmediatas, no es capaz de ver a distancia las consecuencias de sus acciones. Actúa sin pensarlo. Recuerdo cómo se accidentó un muchacho que vivía cerca de mi casa cuando yo era niño. Puso un petardo dentro de una botella y, cuando miró dentro para saber por qué no pasaba nada, el petardo estalló. Aunque los médicos le salvaron el ojo, su vista quedó dañada permanentemente. Es un ejemplo típico de imprudencia que deriva de la falta de reflexión.


A la impulsividad se opone la virtud de la prudencia: el hábito de reflexionar las cosas antes de actuar. La persona madura no suele lamentarse de sus decisiones, pues suele pensar y medir las consecuencias de sus acciones. Y esto vale para todo, desde si conviene o no hacer una inversión en tal negocio hasta qué cursos opcionales escoger en la universidad; desde el discernimiento vocacional hasta la elección de la pareja para el matrimonio.


Ahora bien, reflexión no significa indecisión. Nunca podremos tener una seguridad total ni tampoco es posible tomar en consideración todos los factores y posibles consecuencias de nuestros actos. La prudencia es equilibrio.


La reflexión entra en juego tanto al hablar como al actuar. ¡Cuánto lastiman las palabras duras y los comentarios desconsiderados! Como decía el apóstol Santiago, «El que no peca con la lengua es un hombre perfecto» (Sant. 3, 2). La reflexión puede librarnos de muchos remordimientos.


3. Inestabilidad vs. constancia


Los sentimientos son volubles. Si dejamos que ellos tomen las riendas de nuestras decisiones, terminaremos siendo inconstantes. Es una de las características más típicas de los niños: no pueden entretenerse por mucho tiempo en una cosa. El niño empieza a armar un rompecabezas, y a los cinco minutos ya está harto; va entonces a jugar con el cochecito..., hasta que encuentra el monedero de mamá, tan atractivo para su espíritu explorador. No hay ningún principio que dé continuidad a lo que hace.


Los adultos inmaduros suelen ofrecer un cuadro parecido. Les falta constancia y tenacidad para realizar sus proyectos hasta concluirlos del todo. La persona que no ha alcanzado la madurez es irresponsable y difícilmente conserva un trabajo; desmerece toda confianza, ya que no se sabe si hará o no lo que se le encarga. Necesita que alguien esté detrás para supervisar su trabajo y evitar que se meta en problemas, pues sus antojos pasajeros fácilmente lo sacan de ruta.


Sólo una persona verdaderamente libre es capaz de comprometerse y de ser fiel a la palabra dada. Y sólo una persona madura es verdaderamente libre. Si uno es maduro, puede tomar decisiones responsables sin tener que arrepentirse. La responsabilidad, además, da estabilidad a la propia vida.
Cuando una persona madura toma una decisión importante en la vida, no se pasa años enteros replanteando su decisión: «¿Me habré equivocado? Tal vez no sabía lo que estaba haciendo; era tan joven. Creo que he cambiado de opinión...». La actitud de un individuo maduro es muy diferente: «Yo sabía que no todo iba a ser fácil; sabía que vendrían dificultades y sacrificios, y aun así determiné que valía la pena. Ahora lo que cuenta es la fidelidad». Viendo así las cosas, el hombre se libera de los altibajos del buen o mal humor y del vaivén de las circunstancias.


Algunas veces se subestima la tenacidad. En un número de 1993 de