Meg Lowman, estudiosa de las copas de los árboles
"El techo de los bosques es el octavo continente"
VÍCTOR-M. AMELA - 07/07/2010
Tengo 55 años. Nací en Nueva York y vivo en Australia, pero me paso media vida en los árboles. Soy bióloga conservacionista. Estoy casada y tengo dos hijos veinteañeros. ¿Política? Preservar los recursos naturales para las generaciones venideras. Creo en el alma de los árboles
Meg, ¿puedo llamarla arbonauta?
Por qué no: paso gran parte de mi vida en las copas de los árboles, navegando en un océano de hojas y ramas...
¿Qué hay ahí arriba?
Un continente, el octavo continente:un continente verde, aún por descubrir.
¿Por qué por descubrir?
Es una amplia superficie vegetal, a varios metros sobre la superficie terrestre, inexplorada. ¿Sabía que tenemos mejor explorados los fondos marinos que la canopia?
¿Canopia?
Sinónimo de baldaquín o marquesina, es el término técnico con el que los botánicos denominamos la cubierta vegetal aérea de los bosques, la azotea de las selvas.
¿Y dice que sigue sin explorar?
Sabemos más de Marte que de la Amazonia. Hasta ahora los botánicos habíamos estudiado lo que teníamos al alcance de las manos. Pero no la techumbre de los árboles. Me dedico a eso desde hace veinte años.
¿Y qué ha encontrado en ese octavo continente verde?
Millones de seres vivos. Un montón de especies animales, gusanos, serpientes, otros reptiles, arañas, ranas, escarabajos, mosquitos, pájaros, monos, y vegetales como plantas parásitas, hongos, lianas, flores... ¡Hay millones de especies desconocidas, nunca estudiadas!
¿Ha descubierto usted alguna especie?
Un par de especies de escarabajos: Novocastia nothofagi,en un bosque australiano, y el Nutmeg (lo de meg es en mi honor: lo bautizaron así mediante un concurso infantil vía internet), que come plantas aéreas.
¿Y cómo trepa usted hasta allá arriba?
No trepo: accedo mediante globos, zepelín, helicóptero o grúa, y desde arriba me bajan hasta las copas mediante un arnés.
Debe de ser excitante...
Lo es. Y para recoger muestras y trabajar mejor, depositamos en las copas unas estructuras neumáticas y con redes. A veces construimos unas pasarelas de madera.
Más allá del trabajo, ¿qué momento es el mejor que ha vivido allá arriba?
¡Tantos...! No me olvido del amanecer en la selva amazónica desde ese elevado trono a cuarenta metros de altura sobre el suelo... Surgen los rayos de sol, y se desatan cantos de pájaros, zumbidos de insectos, aullidos de monos... Cada árbol alberga sus criaturas, sus sonidos, y se eleva desde la selva una sinfonía hacia el cielo...
Espectacular.
Te das cuenta de que cada árbol tiene alma: tiene su voz, bebe su agua, respira a su ritmo... A los indígenas los alimentan, cobijan, dan leña, alimento, anticonceptivos y afrodisiacos naturales... Y ellos los consideran guías, ven ahí espíritus de sus antepasados.
No me extraña.
¡Te das cuenta de que ese tapiz vegetal en el aire es el centro de la vida! Desde ahí se regula la temperatura del planeta, se atrapa CO , 2 se libera oxígeno, se generan las nubes... Estoy sentada en el pulmón del mundo.
¿Cuál es el árbol más alto en el que ha estado?
El gabonenis, en Camerún: tiene 60 metros de altura. El kapok o el cedralinga, en Bombay e Indonesia, con 50 metros...
¿Cuál es el más interesante?
Me han sorprendido algunas especies de árboles australianos: uno puede aguantar 45 años siendo un plantel de 5 centímetros de altura, hasta que llega el clima propicio para crecer... Hay otro cuyas hojas están recubiertas por pelos muy urticantes...
No subiría usted ahí...
Bien protegida. Descubrí un gusano capaz de comer esas hojas sin que le pase nada. Si no aparece pronto un depredador de ese gusano..., desaparecerá esa especie de árboles... y, con ella, el propio gusano (si no aprende a cambiar de dieta).
Elija un árbol para vivir.
¡Un ficus de India! Es fuerte, con ramas horizontales: podría hacerme una casita. Alberga monos, aves... Tendría buena vista, una fuente cerca, y allí es sagrado.
¿Soñaba de niña con este trabajo?
De niña tenía delante de casa un campo con árboles a los que me subía con una amiga. Su hermano es Tommy Hilfigger...
¿El conocido empresario de la moda?
Sí: mientras Tommy se quedaba en el sótano de su casa cosiendo, su hermana se subía conmigo a los árboles. Ahora le he propuesto crear la Fundación Tommy Tree Houses: casas en los árboles para concienciar a la gente sobre este tesoro vegetal y animal.
¿Sus hijos comparten su pasión, Meg?
Con cuatro y cinco años los tenía conmigo allá arriba. Hoy son jóvenes científicos: es importante dar a conocer la naturaleza a los niños, compartirla con nuestros hijos.
¿No tuvo ningún susto?
Alguna vez empuñaron una serpiente creyendo que era una rama. Y yo una vez me caí desde quince metros de altura...
¿Qué utilidad práctica para la gente tienen sus investigaciones?
En el techo de selvas y bosques hay una biblioteca genética, una ingente cantidad de información biológica para obtener sustancias y medicamentos. Y modelos valiosísimos para el futuro de la bioarquitectura.
¿Subir a los árboles nos ayudará en el futuro?
Eso siempre nos ha ayudado: una especie de mono arborícola, el ardi,fue ancestro común de los actuales monos y homínidos.
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