En un libro de memorias publicado en 1922, Charles Chaplin afirmaba: "¡Qué pocos de nosotros sabemos disfrutar de ese don universal que es el silencio! Quizá porque no se compra. Los ricos compran ruido. Nuestra alma se deleita con los silencios de la naturaleza, que no se niegan nunca a quienes los buscan." Para confirmar esa impresión basta con mirar alrededor: vivimos en medio del estruendo. Construimos un entorno cada vez más ruidoso, posiblemente porque tememos enfrentarnos al silencio que nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos, a recorrer nuestro interior.
El ensayista y novelista inglés Pico Iyer, uno de los más reconocidos escritores sobre viajes, ha dedicado muchos de sus artículos a analizar el significado del silencio. En uno de ellos reproduce una frase de Herman Melville, quien señala que "todo lo profundo está relacionado con el silencio y rodeado por él." No es casual que los ámbitos destinados a los cultos religiosos sean silenciosos. Es en ese entorno en el que podemos escuchar algo diferente al estruendo del mundo, nuestro interior. En el silencio la mente queda como suspendida y, cuando cesan las palabras, nos inundan y controlan los sentimientos.
La música es una prueba de que el silencio se escucha. Recuerdo una conversación pública que mantuve hace ya algunos años con Daniel Barenboim cuando me correspondió el honor de entregarle una distinción académica. Le pregunté entonces sobre el papel del silencio en la música. El maestro respondió que está indisolublemente integrado al sonido y viceversa, porque la primera nota adquiere su expresividad sólo en relación con el silencio que la precede. La relación entre el silencio y el sonido, estrecha y permanente, es comparable, dijo, con la ley de gravedad de Newton, ya que el sonido es atraído por el silencio. Por eso, la expresividad de la música depende no sólo de las notas, sino del silencio, ya que cada nota que tocamos, cantamos o escuchamos está en relación permanente con el silencio. Por ejemplo, en momentos de intenso dramatismo, éste puede llegar a ser mucho más potente que el sonido que lo precede.
El escritor nigeriano Ben Okri ha señalado, con acierto, que "cuando el caos es la deidad de una época, la música estruendosa se convierte en su principal instrumento." De allí que en una realidad esencialmente ruidosa como la que nos rodea, el silencio represente la música de otro mundo. El encanto del sonido se percibe cuando cesa, cuando lo reemplaza el silencio que no es sólo la ausencia del sonido sino, más bien, un modo de aproximación a algo más profundo. Como dice Iyer: "A la profundidad que hay por debajo de nuestros pensamientos".
Es en silencio que entramos en contacto con esa calma que se encuentra en algún sitio dentro de nosotros. Es en silencio donde podemos escucharnos pensar, pero, en verdad, donde logramos sumergirnos dentro de nosotros mismos. En verdad, la experiencia de la realidad adquiere su verdadero valor cuando logramos transportarla a ese ámbito inmóvil al que volvemos. A su vez, el hecho de prestar atención al silencio que se aloja en nosotros nos permite expresar nuestro interior cuando regresamos al mundo sonoro. El filósofo danés Soren Kierkegaard, quien escribió páginas esenciales sobre el silencio, dijo en 1846: "Sólo una persona que sabe cómo permanecer esencialmente en silencio sabe hablar, y actuar, esencialmente. El silencio es la esencia de la vida interior".
Pero para poder retirarnos a ese silencio debemos realizar un trabajo laborioso, ya que es preciso transformarlo de una ausencia en una presencia, de un vacío en algo cargado de significado. Así como el silencio de la naturaleza se revela rico en sonidos para quien se detiene a escucharlo, el silencio interior también lo será para quien haya logrado enriquecer ese interior, entre otras experiencias, mediante el contacto con lo mejor que el ser humano ha sido capaz de crear.
* El autor es educador y ensayista.
Es increible ver a tanta gente conectada todo el día al ruido. Van por la calle con los audifonos enchufados en las orejas, O tapandolas. Siempre. Caminando, corriendo, manejando. Y parloteando por telefono. O enviando mensajitos. Y ahora he visto que van como hablando solos, gesticulando, riendo, llorando,haciendo ademanes, moviendo los brazos. Mirando bien, le gritan a un pequeño chirimbolo que tienen el el cuello. O por alli cerca. Parecen desquisiados. O escapados de algun manicomio. Nunca escuchan los sonidos del silencio. Un grillo. El zorzal del barrio. Las palomas. El tañido de las campanas. La risa de un chico. El caer de las hojas. Los tenues silbidos de la brisa. El bramar del viento. El murmullo de la garúa.......En fin?...la vida......
Muy buen artículo. Recuerdo una escena de la pelicula Rapsodia en Agosto, en donde la abuela se sentaba con una vecina cada tanto a tomar té y no decian palabra. Ambas habían perdido a seres queridos con la bomba atómica. Es claro que sólo bastaba la compañía, toda estaba ya dicho. Lamentablemente hay una cultura del ruido impuesta que a alguien beneficia. Su finalidad que la gente no piense. Lo único que las personas tienen de interior en esta postmodernidad es la ropa-
De acuerdo a un diccionario alemán, silencio, etimológicamente tiene la misma raíz que la palabra sembrar y semilla; lo que llevaría a pensar que con el silencio se crece, se siembra y luego se cosecha; en términos de ser mejor persona. No sé si será así realmente, si tendrán la misma raíz, pero me gusta creer que sí, y, por lo menos, creo que es muy útil. Hermoso artículo. Muchas Gracias
Me ha gustado mucho el artículo. He disfrutado de su lectura y casi tanto como ella. He disfrutado los comentarios de los lectores. Porque han interpretado positivamente aquello que el ensayista quiso transmitir. Que importante es el silencio a lo largo de una vida agitada y ruidosa.
Un lector menciona la adolescencia como uno de los momentos en que le escapamos al silencio, pero mi propia experiencia me indica que llego a la oficina y enciendo mi PC y la radio, salgo del trabajo y enciendo el Ipod, llego a casa y enciendo la TV, o pongo música...Extraño los días de mi infancia cuando me subía a la terraza con un libro de la colección Robin Hood y no bajaba hasta que la noche y los gritos de mamá anunciando la cena, me hacían imposible seguir leyendo. Uno crece y con la edad, los ruidos interiores y periféricos, no es fácil desprenderse de ellos.
NO es fácil pero es posible: es sólo cuestión de decidirlo. La atención dispersa... que fomenta el estar contectado a todo y con todos -y encima por cuestiones triviales, banales, sosas...- es una moda de la que podemos elegir no formar parte. Podemos, y debemos, trazar horarios en los que apagamos todo, y nos dedicamos a la lectura, la actividad física, el yoga, la meditación, a sentarnos a saborear un café dejando aflorar nuestros sentidos, nuestras sensaciones. Hay que parar para conectarnos con nuestro interior y ver si cabe un cambio de rumbo. De otro modo llegaremos al final del camino (de la vida) vacíos, y esas conexiones "al pepe" no nos servirán de nada.
¡EX-CE-LEN-TE! muy buen artículo. Comparto cada palabra. Vale mucho descubrir el silencio porque una vez que se descubre y se disfruta nos lleva un trabajo cotidiano y constante.
estar en silencio...........que dificil les resulta a muchos, sera q no soportan escuchar sus pesamientos
El silencio es algo que muchos temen; en realidad, temen ese encuentro con uno mismo que el silencio propicia. Por eso en la adolescencia muchos buscan la evasión del boliche ruidoso, atestado, irrespirable, alcoholizado, donde no es posible pensar, ni sentir, ni dejar fluir la consciencia. Lo mismo sucede en algunos programas de TV, en los que el conductor grita permanentemente, suponiendo que volumen equivale a diversión (cuanto más ruido, griterío, música ensordecedora, estridencia, risotadas... más "exitoso" es); el silencio, que podría muy bien complementar y acompañar una frase humorística, profunda, reflexiva, interesante -precediéndola para darle protagonismo, o sucediéndola para enfatizarla y hacerla protagonista-... está siempre ausente, y todo se superpone en un caos que nos evita, convenientemente -para holgazanes mentales- el encuentro con el propio ser.

He quedado fascinada. Tanto por el artículo como por los comentarios sobre él realizados. Qué talentosas son las personas que disfrutan en silencio.
Posted by: Myrna | February 24, 2012 at 05:36 PM